Absceso


Absceso: Definición

Un absceso es una acumulación de pus debida a una infección localizada. Los abscesos son lesiones que pueden aparecer en cualquier zona del cuerpo. Como inflamaciones, los abscesos visibles son rojos, calientes, dolorosos e hinchados. Sin embargo, existen otras formas de abscesos.

Los diferentes tipos de abscesos

Existen varios tipos de abscesos.

  • Los abscesos superficiales son abscesos visibles que se pueden tocar. Sus localizaciones preferentes son los dedos (se habla de panarias), la zona anal, el cuello, la espalda, la ingle o la axila.
  • Los abscesos profundos afectan a los órganos. Pueden desarrollarse en el hígado, los riñones, los pulmones o incluso el cerebro.
  • También hay abscesos mixtos (conocidos como «botón de la camisa») que son abscesos superficiales conectados a abscesos profundos situados en un órgano.

Abscesos: causas

Abscesos calientes

Las bacterias más comunes implicadas en los abscesos calientes son el estafilococo y el estreptococo. En presencia de un absceso hepático, también se puede sospechar de una ameba.

Existen dos mecanismos de contaminación: o bien la bacteria entra en el organismo a través de una lesión cutánea (pinchazo, corte…) y provoca un absceso superficial, o bien, al pasar por el torrente sanguíneo, la bacteria queda atrapada en un órgano donde desencadenará la infección (absceso profundo).

Abscesos fríos

En los abscesos fríos, el culpable es el bacilo de Koch o los hongos. Se trata de abscesos bastante peculiares que no provocan una reacción inflamatoria clásica (enrojecimiento, calor, dolor, edema).

Absceso: síntomas

Los síntomas generales de los abscesos son los de todas las inflamaciones a saber:

  • enrojecimiento,
  • calor,
  • dolor,
  • hinchazón (edema).
    • Sin embargo, estas manifestaciones tienen características variables según el tipo de absceso: caliente o frío.

      Así, los abscesos calientes aparecerán de forma brusca y estarán bien delimitados por una especie de caparazón. Además de los signos inflamatorios locales, los abscesos calientes provocan reacciones más generales, como fiebre, escalofríos y gran fatiga, aunque a menudo impiden dormir. A veces se observa una inflamación de los ganglios linfáticos. Cuando se perfora el absceso, el pus sale y provoca una inflamación del tejido y un dolor punzante.

      En cambio, los abscesos fríos se forman lentamente y no provocan una reacción inflamatoria marcada. Cuando son superficiales, filtran un pus espeso, mientras que si son profundas, tienden a extenderse a los músculos y los huesos. De nuevo se observa fiebre, ésta es intensa y conlleva pérdida de peso y alteración del estado general que debe hacer saltar la alarma.

      Abscesos: Tratamientos

      Los abscesos calientes deben ser drenados. Tanto si son superficiales como profundas, primero se incide y luego se drena. Si se tratan adecuadamente, los abscesos calientes se curan rápidamente. Sin embargo, es esencial asegurarse de que los gérmenes no se extiendan al torrente sanguíneo.

      Los abscesos por frío, en cambio, se tratan con antibióticos. Se evita la incisión, pero el pus se elimina por punción o por extracción quirúrgica.

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