ALABAMA SONG

Zelda Fitzgerald, Zelda de Alabama. Un nombre que golpea, sílabas que oscilan. Una premonición quizás. Demasiado a menudo eclipsada por su ilustre marido, impedida de escribir, censurada, Zelda la novelista, las frases, sabe darles la vuelta. Su trágico destino inspiró a Gilles Leroy y ahora a Guillaume Barbot, que la adapta para la escena, en un biopic sin aliento.
Segundo retrato de una mujer tras Anguila bajo la roca, Alabama Song nos lleva tras la estela de la mujer sacrificada, la escritora expoliada por su «creador», la historia de una vida robada.
En un salón de baile, rodeada de tres músicos-actores, Lola Naymark interpretará a Zelda, la sedienta e incansable bailarina. Un personaje crudo que traspasa el aire, marca el tono jazzístico de los locos años veinte y de las fiestas de la jet-set neoyorquina. La música está en sintonía con los giros y temblores de Zelda. Una confesión en forma de uppercut de la mujer artista, demasiado rápido encerrada, demasiado pronto desaparecida. Zelda, llama de mujer, chispa creativa que se extingue demasiado pronto. Una magnífica y trágica heroína. Una verdadera salamandra aquí redescubierta.

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