Alternativas económicas (Español)

La economía planificada siempre ha sido pensada como un sistema en el que dominan las relaciones reales. Las autoridades centrales asignan los recursos de equipos, materias primas y mano de obra a las empresas de manera puramente administrativa, según las prioridades definidas por el plan. En este sistema, el dinero se utiliza para garantizar la distribución de los bienes de consumo y para que las empresas puedan llevar sus cuentas. Pero esto último tiene poco sentido, ya que las condiciones de su actividad (precios, suministros, acceso al crédito) resultan de las decisiones administrativas.

El dinero, por tanto, no juega un papel orientador. Es un mero velo que facilita el funcionamiento de la economía. Desde esta perspectiva, la renta distribuida debe garantizar la fluidez de los bienes producidos. De ahí la tendencia de las autoridades a distribuir más poder adquisitivo que bienes producidos a un determinado nivel de precios.

Esta lógica distributivista favorece la aparición de escasez, sobre todo si el régimen cede a la tentación de aumentar los salarios para satisfacer a la población, de ahí las colas y las tiendas vacías. La aparente igualdad relativa de salarios se convierte entonces en pura ficción, cuando algunos, como ocurría en la URSS, podían acceder a canales de distribución específicos: tiendas reservadas, etc.

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