Autores cubanos en libertad condicional

«Hoy estamos rompiendo mitos y cumpliendo sueños», dijo el cubano Leonardo Padura al presentar su novela El hombre que amaba a los perros en la reciente Feria Internacional del Libro de La Habana (publicada en francés por Anne-Marie Métailié, véase «Le Monde des livres» del 7 de enero). «Mucha gente pensó que este libro no se publicaría en Cuba», continuó el escritor, porque sus personajes, León Trotsky y su asesino Ramón Mercader, eran un tabú. Sin embargo, el autor soñaba con presentar a los cubanos una historia escrita desde el punto de vista de una «generación oculta» abrumada por los reveses de la revolución castrista.

Una multitud de varios centenares de personas de todas las edades estuvo en el acto, a pesar de la hora «casi obscena», según Padura, que les privó del almuerzo. Los ejemplares disponibles no fueron suficientes para satisfacer a todos los que se apresuraron a comprarlo. Un representante de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) comenzó culpando a la editorial española Tusquets de la escasez de ejemplares en comparación con la demanda local. Según ella, la Uneac no habría impreso suficientes ejemplares porque Tusquets limita las ventas a 4.000 unidades de un autor cuya popularidad en su país ya no está en duda.

En Barcelona, Beatriz de Moura desmiente esta versión. «Tengo delante el contrato firmado con el acuerdo de Padura», dice el presidente de Tusquets por teléfono. La primera tirada de 4.000 ejemplares es renovable tantas veces como queramos. Nuestra preocupación es que la edición cubana, cuyos derechos han sido cedidos gratuitamente, no sea exportada y vendida en mercados vecinos como República Dominicana, Costa Rica o Puerto Rico, que están reservados a la edición española. Dudo que los cubanos hayan impreso realmente la obra de Padura en 4.000 ejemplares.»

En La Habana, a finales de febrero, la librería Uneac puso en su escaparate: «No tenemos el libro de Padura». La indigencia de la industria editorial se explica oficialmente, desde hace veinte años, por la escasez de papel. «Las recopilaciones de Fidel Castro nunca se agotan, y de la mejor calidad, mientras que apenas quedan libros infantiles», vomita un lector frustrado.

Leonardo Padura, que acaba de obtener la doble nacionalidad española, se queja de la ausencia de sus novelas en los medios de comunicación cubanos. Todo un acontecimiento en la Feria del Libro, la presentación de El hombre que amaba a los perros fue ignorada por la televisión, que se centró en el encuentro entre Fidel Castro y los intelectuales elegidos a dedo. Cierto es que La Gaceta de Cuba, órgano de la Uneac, dio cuenta de ello, tras publicar un breve artículo sobre el libro.

Según Ambrosio Fornet, «las notas de lectura de La Gaceta son gestos de amistad.» Académico y ensayista, lamenta «la inexistencia de crítica literaria en los periódicos». Después de ser el primero en calificar el giro prosoviético de los años 70 como un «quinquenio gris», Fornet elogia la apertura de Abel Prieto, el ministro de Cultura, y la rehabilitación póstuma de los escritores cubanos exiliados, con la excepción, sin embargo, de Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas y Jesús Díaz, posiblemente los más reconocidos.

Director de la revista Criterios, Desiderio Navarro cree que el «quinquenio gris» es un eufemismo de «quince años oscuros» con efectos prolongados. En 2007, la protesta de los intelectuales contra el regreso de los viejos demonios, la intolerancia y la censura, se limitó a intercambios de correos electrónicos y a una serie de conferencias. Autodidacta y capaz de traducir quince idiomas europeos, Navarro ha dado a conocer a Pierre Bourdieu, Zygmunt Bauman y Jacques Rancière. Todo ello sin un céntimo del Estado cubano, gracias a las donaciones de las embajadas. En su opinión, «ya no hay temas tabúes».

Entre el inicio de un giro económico de 180 grados y el bloqueo político, la cultura está labrando un camino intermedio, que los creadores negocian a destajo. Los escritores, pintores y músicos que se han hecho un nombre en el extranjero tienen margen de maniobra frente a las instituciones. Los demás evolucionan en una burbuja, mientras no traspasen los vagos límites de lo «políticamente correcto»: por ejemplo, el joven escritor y fotógrafo Orlando Luis Pardo Lazo fue rechazado al underground de los blogueros y rockeros contestatarios. El joven poeta Francis Sánchez, por su parte, optó por renunciar a la Uneac.

Autor de un Kant en Cuba, Alexis Jardines enseña en la Universidad de La Habana, donde los libros de texto soviéticos aún no han sido sustituidos. El gobierno ya no tiene consenso», dice. A ojos de la opinión internacional, tolera la disidencia, mientras no se plantee la dura pregunta: ¿por qué, después de 50 años, siguen Fidel y Raúl Castro? En el fondo, el poder no se fía de los intelectuales»

Paulo A. Paranagua

  • Compartir
  • Compartir desactivado Compartir desactivado
  • Compartir desactivado Enviar por correo electrónico
  • Compartir desactivado Compartir desactivado
  • Compartir desactivado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *