Cahiers des Amériques latines

1Xipe Tótec, Nuestro Señor el Desollado, es un dios azteca particularmente sangriento, tanto en su representación como en su ritual, que tenía lugar en primavera durante la fiesta anual del Desollado (Tlacaxipehualiztli). Anne-Marie Vié-Wohrer considera que la deidad constituye con las ceremonias realizadas en su honor un «complejo divino» que define como «el conjunto de representaciones de personajes, divinos y humanos, de objetos y escenas rituales que se adscribe a Xipe Tótec y a los dioses asimilados a él» (p. 23) y que se propone estudiar.

2La originalidad del emprendimiento radica en su metodología. En efecto, los historiadores tienden a privilegiar las fuentes en escritura latina, en su mayoría escritas en el siglo XVI por eclesiásticos europeos, y hay un buen número de ellas que describen y comentan la Fiesta del Tormento. Al hacerlo, estos investigadores acaban dejando de lado las representaciones dibujadas o modeladas por la mano indígena, que sin embargo ofrecen una expresión más auténtica del pensamiento mesoamericano. Abogando por un «retorno a las fuentes precolombinas», el autor presenta en este libro un análisis de las expresiones pictográficas, y promete publicar más adelante un estudio sobre las esculturas.

3Discípulo de Joaquín Galarza, cuyos trabajos sobre la escritura azteca son bien conocidos, A. M. Vié-Wohrer considera las imágenes de los manuscritos pictográficos indígenas como palabras, textos, en definitiva, los elementos de una verdadera escritura. Por ello, se encargó de seleccionar un gran número de códices de tradición indígena, producidos antes de la Conquista o poco después. A continuación, identificó las pictografías específicas del «complejo Xipe Totec-Tlacaxipehualiztli» y las reunió en láminas comparativas, presentadas en el segundo volumen. La primera serie de láminas contiene las pictografías generales (247 en número), tal y como aparecen en los documentos fuente, y en color. La segunda serie repite estas imágenes, recortando, para su análisis, las relativas a las pictografías antropomórficas y no antropomórficas. La tercera serie extrae los glifos que son la mínima expresión del complejo.

4El primer volumen está dedicado al análisis de los pictogramas. Comienza con un prólogo de presentación de la fiesta de Tlacaxipehualiztli. Las ceremonias duraban cuatro días, durante los cuales se realizaban tres tipos de sacrificios: el desgarro del corazón seguido del desollamiento de los cautivos (que corresponde al propio nombre de la ceremonia: tlacaxipehualiztli, «acción de desollar a un hombre»); el sacrificio conocido como «gladiador», un guerrero atado por una cuerda a una piedra circular perforada (tlahuahuanaliztli, «acción de clavar», ya que los cautivos eran clavados antes de comenzar la lucha); finalmente, el sacrificio por flechas (tlacaliliztli, «acción de desollar»). Cada una de estas víctimas fue completamente desollada, excepto las manos y los pies, su carne fue consumida por los participantes y su piel fue cubierta por algunos de ellos. La fiesta duraba veinte días y terminaba con el entierro ritual de las pieles.

5Los dos primeros capítulos presentan a continuación la metodología y las técnicas de investigación, y el tercero, el análisis y los resultados. Aquí el autor examina primero las pictografías antropomórficas del propio Xipe Tótec, pero también de sus deidades asociadas Tlatlauhqui Tezcatlipoca (el dios rojo), Itztapaltotec (dios de la obsidiana) y Camaxtli (dios de la caza). A continuación, describe a los personajes que participan en el ritual, como el sacrificado, el «padrino» (que capturó al prisionero) y su familia, y los «portadores de la piel». Por último, señala las demás funciones de las pictografías, sucesivamente antroponímicas (nombres de personas), toponímicas (nombres de lugares) y cronológicas (nombres de meses). Los pictogramas no antropomórficos (elementos de las galas del dios) también tienen funciones religiosas, cronológicas o toponímicas. Estos análisis preliminares nos permiten concluir con una tabla de los glifos determinantes del complejo: el tocado llamado yopitzontli, el bastón ceremonial, la gavilla de cañas, las plumas rojas y blancas, la máscara de piel humana, la piedra redonda perforada, y otros.

6Estos resultados se retoman como conclusión en el capítulo 4, que termina con consideraciones sobre la distribución de la piel humana en el continente americano, y la presentación de hipótesis sobre este complejo ritual. Al final de la lectura, las principales características de esta deidad tan especial aparecen con mayor claridad. Sus rituales parecen estar asociados, por un lado, a la caza (mediante el flechado, el desollado y el tratamiento de la piel humana como cuero) y, por otro, a la agricultura, sobre todo a través de la fertilización de la tierra al final de la estación seca, simbolizada en los sacrificios: el desollado representaría la limpieza de los campos y el flechado haría gotear la sangre fertilizante sobre el suelo. Pero, ¿hay que ver en el «rascado» o «arañazo» de las víctimas una representación simbólica del arado (p. 107), cuando las civilizaciones precolombinas enterraban las semillas con un palo de cavar? El hecho es que, en este «complejo divino», el ritual parece dominar sobre el propio dios, y A. Finalmente, M. Vié-Wohrer se pregunta si existe una única y verdadera representación del dios, ya que las pictografías que lo representan quizá sólo sean las imágenes de los hombres «con piel». Tal vez así debamos entender la apreciación del clérigo del siglo XVI, fray Bernardino de Sahagún, quien afirma en una frase citada en la introducción que «Xipe Totec no es un dios. Me atreveré a plantear la hipótesis de que es probablemente porque Xipe Totec se asocia principalmente con el cambio de estación que los etnólogos pueden encontrar algunos elementos constitutivos de su complejo en las poblaciones indígenas actuales.

7El libro de A. M. Vié-Wohrer, prologado por Guy Stresser-Péan, termina, en un apéndice, con una presentación de fuentes y un glosario de palabras indígenas que se relacionan con el complejo, seguido de una excelente bibliografía. Preparados con una admirable minuciosidad, los dos volúmenes están concebidos, hasta el más mínimo detalle, para satisfacer los deseos del lector. Escrita en un excelente francés, la obra incluye un resumen en inglés y precede cada capítulo con un resumen en español. La publicación de las pictografías en un segundo volumen facilita la consulta simultánea del texto y las imágenes. Por último, la edición que ha realizado el CEMCA combina belleza, claridad y precisión. Todo ello hace de este «Xipe Totec» un libro soberbio que uno adorará tener en su biblioteca tanto como una obra de consulta indispensable y una herramienta para el estudiante y el investigador.

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