Capítulo (Español)

La problemática que me propongo exponer aquí se refiere a la relación que la «melancolía» tiene con la feminidad. Mis reflexiones sobre los vínculos existentes entre estas dos entidades, entre la psicosexualidad femenina y el estado psíquico marcado por una distimia que colorea y altera el conjunto de la vida psíquica, son antiguas. Se inscriben en el mismo campo teórico-clínico que los que desarrollé paralelamente sobre la relación entre la histeria y la feminidad, cuya problemática fue tratada en esta misma colección (Lanouzière, 1999).La relación entre la histeria y la melancolía y la feminidad no es nueva. La historia de ambos muestra claramente que están estrechamente relacionados con las figuras femeninas del exceso. La «furia histérica» se parece a la «furia maníaco-depresiva» en muchos aspectos, hasta el punto de que las antiguas descripciones de una u otra dificultan a veces su distinción. Ambos son ejemplos de ese «fuera de sí» al que pueden conducir los sufrimientos del amor herido al que parecen estar especialmente expuestas las mujeres.ste exceso, este paroxismo que lleva al «exterior de uno mismo» se ha encarnado a lo largo de la historia en las figuras femeninas de lo inquietante y lo maligno que fueron las magas, las pitonisas, las arpías, las brujas y otros genios seductores del mal, A lo largo de la historia, las figuras femeninas de lo inquietante y lo maligno fueron las magas, las pitonisas, las arpías, las brujas y otros genios malignos seductores, con una sexualidad peligrosa y mortificante, de los que Lilith es sin duda el representante original (Brill, 1984) y que, surgidos de la imaginación de los hombres, sirvieron para fijar sus ansiedades, por no decir su «horror» a lo femenino…

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