Capítulo (Español)

Durante el siglo XX, la empresa fue considerada tanto por sus dirigentes como por los economistas y gestores como un agente de producción situado en el centro de su entorno. La empresa tuvo así un importante papel impulsor en la dinamización de su mercado, su entorno. Esta situación prevaleció en particular porque el juego de la escritura entre la oferta y la demanda lo permitió (Mayol, 2009). Mientras la oferta de productos siga siendo inferior a la demanda, la situación de escasez persistirá en el entorno. En ese contexto, los consumidores se veían obligados a consumir lo que las empresas producían. No había elección, y la empresa, dueña de su entorno, hizo llover y brillar el sol. A menudo se atribuye a Ford la frase «un cliente puede pedir su Ford T en cualquier color, siempre que sea negro». Este estado de ánimo es relativamente revelador de la relación de poder que puede existir entre el consumidor y la empresa. En este contexto, el principal problema de la empresa no es vender y menos aún preocuparse por las expectativas de los consumidores, sino simplemente producir más y mejor. Los economistas y sociólogos de la época se llamaban Ford, Taylor, Fayol y Mintzberg, entre otros, y su trabajo se centraba esencialmente en un problema: «cómo producir más, cómo producir mejor, cómo producir más rápido». De esta triple problemática surgirán una serie de técnicas de producción y organización, cuya eficacia a menudo sigue siendo incuestionable, pero también una serie de principios de gestión que ya no son realmente relevantes en nuestro entorno actual (Mayol, 2009)…

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