Cómo no llorar en un funeral

La noticia de la muerte de una persona o mascota siempre supone un shock para el afectado. El concepto de duelo se ha construido en torno al conjunto de emociones que se supone que la muerte induce en los seres humanos. Uno de los eventos que culminan estas emociones es el funeral. Confronta al doliente con la permanencia de su pérdida, con su irrevocabilidad. Por ello, es habitual asistir a un florecimiento de las lágrimas durante las ceremonias de entierro o cremación. La sociedad, aunque indulgente, sigue a caballo entre las distintas reglas de las apariencias. Como en una obra teatral, estamos en constante representación del yo. A partir de esta situación, surgen dos inquietudes fundamentales sobre la gestión de las emociones durante la ceremonia funeraria: ¿hay que llorar y cómo no llorar?

Sobre el valor del llanto

La retrospección histórica nos permite constatar la precedencia del llanto en los ritos funerarios romanos y egipcios. En Roma, las mujeres tenían el deber de expresar su dolor en exceso mediante lamentos; éstos actuaban como armas de conciliación durante los conflictos. En el antiguo Egipto, las emociones estaban ritualizadas. La iconografía del funeral público de Apis muestra la presencia de profesionales del lamento y el llanto: las plañideras. Los privados de Osiris están marcados por la muda tristeza de los notables y el llanto del pueblo.

Hoy seguimos llorando a nuestros muertos. El llanto sigue siendo la manifestación pública del dolor. Nos permiten decirle al otro que tenemos enfrente lo grande que es nuestro dolor. Sin embargo, debemos ser sensatos y evitar la indignidad del llanto ostentoso. El autocontrol nos permite evitar crear malestar social y mantener la solemnidad del funeral.

Algunos consejos para no llorar

Si mantener el control es digno, ¿cómo lo conseguimos? Es importante que el doliente sea capaz de estimar el impacto emocional de su pérdida y buscar ayuda si no tiene control sobre sus emociones. Una mejor comprensión de uno mismo induce a dominar las propias emociones.

El afligido podrá entonces estar atento a los que le rodean y ofrecer apoyo a los demás para evitar arrebatos. Otro consejo es centrarse más en los momentos felices que en la pérdida durante el funeral.

Hay que ser capaz de permitirse sentir plenamente las emociones que conlleva la muerte para poder desprenderse de gran parte de ellas antes de la ceremonia fúnebre.

Tomar distancia y centrarse en las relaciones interpersonales que tenemos actualmente también puede ayudar. También se pueden aplicar soluciones físicas como controlar nuestra respiración o echarnos agua fría.

Si, finalmente, sigue resultando imposible controlar el propio llanto, siempre es posible escabullirse de la asamblea para no crear un efecto en cadena.

La dramatización del duelo se basa en la demostración de las propias emociones. Reír, llorar o permanecer estoico son formas de expresar la pérdida. Lo cierto es que la ceremonia fúnebre se distingue de los actos festivos por su sobriedad y solemnidad.

Por tanto, es importante no reír demasiado, no llorar demasiado, para mantener un cierto decoro.

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