Cómo un bonito jardín aumenta el precio de venta de una casa

Desde el tamaño adecuado hasta la armonía con el ladrillo, la receta para un jardín valorado combina la estética con la funcionalidad, sin excesos.

«Una casa sin jardín es muy difícil de vender», señala desde el principio Aymeric Stévenart, agente inmobiliario de Renaissance Properties. Al belga le encanta el ladrillo, eso es un hecho, pero también aprecia la vegetación para realzarlo. «El jardín siempre es popular. La elección de la ciudad se hace generalmente por las facilidades que ofrece o por su proximidad al lugar de trabajo, pero la naturaleza siempre es popular», añade Aymeric Stévenart, que detalla: «la casa con jardín o incluso la casa con jardín paisajístico, es aún más atractiva. Sin embargo, ten cuidado, todo está en la medida. El jardín paisajístico funciona bien, pero con cierto control». Una cuestión de proporción. Demasiado jardín mata al jardín, al menos en cuanto a su valor.

¿Cuál es la fórmula correcta para maximizar tu espacio verde? ¿Qué buscan los posibles compradores del siglo XXI? ¿La poda, la azada y el riego se compaginan con la rentabilidad? ¿Qué puede esperar el pulgar verde para ganar? Un paseo por el verde en compañía de conocedores, especializados en propiedades con encanto.

1. El jardín, ¿de qué estamos hablando? «En el caso de una vivienda de 2 fachadas, el jardín de la parte delantera de la casa tiene poco interés como tal. Permite atenuar el ruido y evitar la vis-à-vis de los transeúntes, pero, como espacio verde, no se aprovecha. Es puramente visual», analiza Aymeric Stévenart. El patio es más difícil de valorar. A menudo le falta luz y puede dar la impresión de estar en un agujero. La superficie mínima que nos permite hablar de un verdadero jardín urbano se acerca a los 15 metros de largo y 6 de ancho. Con esta superficie, se elimina la impresión de patio». Para los barrios bruselenses donde aún se alinean casas de 4 fachadas y en la periferia de la capital, «de 6 a 10 áreas empieza a ser un buen tamaño para un jardín». Cuanto más te alejes de Bruselas, más largas serán las distancias. Serán entre 20 y 30 áreas en Namur», explica Jean Houtart, director general de Viviers Properties. El precio también es muy diferente. Seis áreas en la capital pueden cambiarse por la misma cantidad que 20 o 30 áreas en las provincias. «En este caso, es el edificio el que marca la diferencia», subraya Aymeric Stévenart. Hay que tener en cuenta que se requiere una disposición correcta de los metros cuadrados. Un pasillo largo, como hay para los huertos urbanos en algunos barrios de Bruselas, no provoca ningún aplastamiento.

2. ¿Qué valor añadido podemos esperar? Es difícil ponerse de acuerdo con los profesionales en este punto, pero surge una tendencia en torno a un aumento del 10 al 20% en el mejor de los casos. Es una cuestión de percepción, tanto para el agente inmobiliario como para el comprador. «El jardín no se vende por la inversión necesaria para mantenerlo o mejorarlo. El coste de una rocalla o una fuente no se refleja como tal. El perito de la zona no valora un jardín, sino que sólo tiene en cuenta el valor por metro cuadrado. Sin embargo, en la práctica, el jardín viste a la novia y la realza», señala Aymeric Stévenart. Cuidado, el jardín se valora con el ladrillo y no solo. En cuanto a la rentabilidad de la inversión, es más un sueño de los apasionados que la realidad del mercado inmobiliario. «Ya me he negado a encargarme de la venta de una vivienda en la que el propietario quería mejorar el jardín a precio de coste. No lo habría conseguido», desliza Jean Houtart.

3. ¿Qué se valora?

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