Dalí, artista surrealista y luego ecléctico

silla de pollo inaugural
silla de pollo inaugural, cuadro de Salvador Dalí, 1928. Teatro-Museo Dalí, Figueres © Aisa/Leemage © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí / Adagp, París 2012.
Clic para ampliar la imagen.

La amistad con el poeta García Lorca y el cineasta Buñuel, el encuentro con Miró, la lectura de La Révolution Surréaliste, revista creada por André Breton, Paul Eluard, Louis Aragon y otras personalidades que se reclamaban del surrealismo, donde descubrió reproducciones de obras de Tanguy y Magritte, iban a llevar su pintura en una dirección casi opuesta.or otra parte, entendía que el surrealismo, tal y como lo definió André Breton (Automatismo psíquico puro por el que se propone expresar, ya sea verbalmente o por escrito, o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. El dictado del pensamiento, en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, al margen de cualquier preocupación estética o moral) puede permitirle expresar sus obsesiones y conflictos interiores. A partir de entonces sus cuadros tendrían como tema la sexualidad, la muerte, la decadencia, el asco, el inconsciente.

Dalí se convirtió muy pronto en una figura clave del movimiento surrealista; su primera exposición en París en 1930 fue prologada por André Breton. Los visitantes pudieron ver su Jeu lugubre, una obra reivindicada como surrealista. Sin embargo, Dalí se diferenció de la mayoría de los otros miembros del grupo en su reticencia al automatismo y desarrolló el «método paranoico-crítico»: no era tanto a través de los sueños o de la escritura automática como de una «alucinación voluntaria» (Rimbaud), una elección consciente, que el artista buscaba dibujar otra imagen a partir de la realidad de las imágenes; de la realidad surgiría la surrealidad.
Pero las provocaciones de Dalí no perdonaron al grupo surrealista. La utilización en sus cuadros de imágenes de Lenin en plan grotesco, de la de Hitler acompañada de comentarios poco acordes con la gravedad del momento, sus simpatías más o menos abiertas por Franco, así como su proclamado deseo de hacerse muy rico, provocaron su exclusión del movimiento en 1939.

Esta exclusión, que se correspondió con su llegada a Estados Unidos, le dolió pero no le molestó. A partir de entonces, se autoproclamó el único surrealista («La única diferencia entre los surrealistas y yo es que yo soy surrealista») y decidió llevar el surrealismo y el método paranoico-crítico a todos los ámbitos de la vida: cine, teatro, ballet, publicidad, decoración, televisión, prensa, moda, joyería, etc. Estuvo en todos los frentes.

Cuando se celebró la primera gran retrospectiva de su obra en el MOMA de Nueva York en 1941, decidió convertirse en un gran pintor clásico. En esta época, volvió a la práctica religiosa y su pintura tomó un giro místico. Fascinado por las explosiones de la bomba H, trató de crear una síntesis entre el extraordinario poder de la fisión nuclear y su fe en una realidad suprema. Dalí aplicaría esta profesión de misticismo, que llegó al final de sus experiencias pasadas, a las obras que le quedaban por crear hasta el final de su vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *