Daniel Arnold, fotosensibilidad en su máxima expresión.

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Daniel Arnold

He mirado mucho las fotografías de Daniel Arnold. Los miré durante mucho tiempo, obedientemente, uno por uno. E irremediablemente volví a ellos, necesitaba volver a mirarlos, encontrarlos. Tal vez los conozca tan bien como la persona que los tomó ahora. Son fotografías especiales, y esto se debe sin duda a la forma en que Daniel Arnold las toma: da vueltas en el primer sentido de la palabra: por las calles de la Costa Este de Estados Unidos, se arma con su cámara como un pintor con su pincel, haciendo fotos a distancia y no con el ojo pegado a la cámara; y esta distancia entre el ojo y la cámara es lo que hace que las fotos sean tan agradables. Estos últimos nunca tienen la misma altura y pueden estar muy cerca de la piel de los transeúntes -sin ser nunca inquisitivos-.

Algunas de sus fotos parecen intemporales, como de otro mundo o de otros siglos. Pero todos ellos llaman la atención y tienen el poder de contarnos una historia. Mirar estas imágenes es buscar lo que conecta a las personas: un trozo de tela del mismo color, movimientos oblicuos, miradas que se definen más como espasmos entre individuos que otra cosa.

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A lo largo de la obra de Daniel Arnold, hay una búsqueda continua del acontecimiento, un acontecimiento que desvelaría todas las angustias de la vida callejera, de la vida cotidiana, del blues americano- Daniel Arnold capta la alegría pero también la soledad, como si la fotografía ayudara a romper ese círculo vicioso del aislamiento. Así, hace gran hincapié en los cuerpos desordenados, en los que caen repentinamente o en los que simplemente se han tumbado para encontrar descanso, desfallecidos por la tristeza o agotados por la fatiga.

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La ética de la fotografía nos permite: el objetivo del juego es abrirse a los demás, hacer que el intercambio que se crea entre lo visto y los espectadores sea el más bello trampolín de la vida. Daniel Arnold es un fotógrafo que sabe hacernos saber lo que significa la existencia. Sus fotografías son tesoros de la vida que él hace eternos. Y nunca hace efectos fotográficos porque consigue llegar a lo evidente enseguida.

Así que hay muy poco que decir. Por cierto, ese es el título del libro de Daniel Arnold Cuando no decir nada http://whentosaynothing.com/. No hay más que hacer una foto; sólo mirar y guardar, preciosamente.

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Por Yohann Perezle 24 de noviembre de 20206 min de lectura

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Entonces nos queda añorar y contemplar la miríada de detalles de la vida humana fotografiados por Daniel Arnold. Y es un milagro que estas instantáneas de la vida robadas en dos en tres movimientos. Su sentido innato para captar la belleza de la vida nos da motivos para apegarnos al mundo. Hay que ver las fotografías de Daniel Arnold. Es una oda a la verdad.

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