Danza: beneficios, lesiones y prevención

A la vez práctica artística y actividad física, la danza atrae a jóvenes y mayores gracias a sus múltiples beneficios. También es una disciplina exigente que puede provocar lesiones y requiere un verdadero trabajo de prevención.

Los beneficios de la danza

La danza requiere un gran esfuerzo muscular así como atención desde el punto de vista de la propiocepción. Es una actividad muy completa y si es una disciplina artística, también es un deporte que requiere un trabajo corporal a veces intenso.
En niños y adolescentes, la danza favorece el desarrollo físico, muscular y articular. También es una excelente manera de hacer ejercicio y mejorar la coordinación y el equilibrio. En el caso de los adolescentes, la danza también fomenta la confianza en el cuerpo y desempeña un papel en la promoción de la autoestima y la aceptación de un cuerpo cambiante.
En el caso de los adultos, la danza «de ocio» ayuda a mantener la fuerza muscular y la flexibilidad. También es útil en la prevención de trastornos musculoesqueléticos. Lo que es menos conocido es que el baile también tiene beneficios terapéuticos muy interesantes para el cerebro y es objeto de cada vez más estudios en este ámbito. Según un estudio del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, el baile reduce el riesgo de desarrollar demencia senil en un 76%. Y es la única actividad que tiene una influencia significativa en este fenómeno. Además, y dado que favorece la rapidez en la toma de decisiones (sobre todo en los bailes espontáneos o de salón), el baile estimula la agudeza mental.
Otros estudios han demostrado que el tango tiene un efecto beneficioso en los pacientes con la enfermedad de Parkinson. En efecto, esta danza, que hace trabajar el equilibrio y la coordinación, aporta un verdadero alivio a los pacientes que sufren problemas de descoordinación, discinesia y temblores. El hecho de practicar una actividad física rítmica que requiere coordinación permite combatir los síntomas o incluso mejorarlos. Además, no sólo permite la socialización, sino también la vuelta al movimiento en personas que, debido a la enfermedad, ya no se atreven a moverse aunque puedan hacerlo gracias al tratamiento.

Otro estudio pudo destacar un efecto beneficioso de la danza contemporánea en la enfermedad de Huntington. Mientras que los movimientos espontáneos (corea) relacionados con la enfermedad provocan un importante estrés psicológico, el baile puede liberarlos y mejorar el estado físico y el bienestar de los pacientes.
Otro ejemplo, el baile también sería una buena forma de combatir el vértigo. Un estudio publicado en la revista «Cerebral Cortex» ha demostrado efectivamente una modulación del cerebro de los bailarines. Así, tras varios años de entrenamiento, son capaces de resistir la sensación de vértigo realizando piruetas, gracias a una mejor adaptación del oído interno.
La danza es, por tanto, una disciplina por explotar -y aún por explorar- médica, terapéutica y científicamente.

Las lesiones y su prevención en la danza

En general, la danza como actividad de ocio no es más fuente de lesiones que cualquier otra. Además, no hay incidencias relacionadas con las caídas. Las lesiones están más relacionadas con las lesiones musculares y tendinosas (distensiones, tendinopatías, esguinces…).
En cambio, entre los bailarines profesionales, las lesiones son más numerosas: estudios realizados en 2013 demostraron que entre el 84 y el 95% de los bailarines se han lesionado al menos una vez en su vida. Los saltos, los aterrizajes, los cambios de ritmo, pero también el sobreentrenamiento y la idea de que bailar es necesariamente doloroso son los principales factores de riesgo.

  • De forma más específica, podríamos señalar:
  • Entrenamiento inadecuado: falta de calentamiento, saltos repetitivos, etc.
  • Técnica incorrecta: hiperpronación del pie, mala rotación lateral de la cadera, etc.
  • Entorno peligroso: suelo demasiado resbaladizo, demasiado duro, bailar descalzo, etc.
  • Deformidad estructural del pie: pie plano/hueco/valgo, hallux valgus, etc.
  • Un desequilibrio biomecánico: fuerza excéntrica débil de los miembros inferiores, desequilibrio muscular en la pelvis, etc.
    • La región pie-tobillo representa el 46% de las lesiones en hombres y el 62% en mujeres. La mayoría de los problemas están relacionados con los tendones.
      Las lesiones más frecuentes son:

      • El esguince de tobillo;
      • El hallux valgus sobre todo en bailarinas clásicas;
      • Las lesiones de rodilla: rotura de menisco, rotura del ligamento cruzado anterior, …
      • Las lesiones de espalda sobre todo ciática.

      Aunque el tema de las lesiones en los bailarines ha sido bastante estudiado, pocos autores han emitido estrategias de prevención destinadas a limitar estas lesiones.
      Se van a explorar cinco áreas principales de investigación para este propósito preventivo:

      • Calentamiento;
      • Entrenamiento (incluyendo fuerza muscular, potencia, resistencia, pliometría, agilidad, equilibrio, estabilidad articular y técnicas específicas de danza);
      • Equipamiento (calzado y superficies), ;
      • Aspectos reglamentarios (normas y reglamentos relativos a la danza) ;
      • Métodos de autocuidado y tratamiento.

      En estos diferentes ámbitos, la formación es sin duda la más importante y sobre la que mejor puede actuar el fisioterapeuta. Por ello, es importante que los bailarines sigan programas de fortalecimiento muscular en paralelo a su actividad, tanto porque es un complemento útil para su técnica y rendimiento, como porque es una forma de reducir sus lesiones.
      Otros aspectos que se deben potenciar:

      • Nutrición y descanso: una dieta subóptima se correlaciona con un mayor riesgo de lesión. Sin embargo, a menudo los bailarines se imponen importantes restricciones dietéticas por motivos estéticos. La falta de descanso y la fatiga también contribuyen a las lesiones. Hay que animar a los bailarines a que planifiquen el tiempo libre para su bienestar físico y moral.
      • Calzado: Según el género, los bailarines pueden ir descalzos o llevar un calzado específico (zapatos de claqué, zapatillas de deporte, zapatillas de deporte, etc.). A pesar de la existencia de sistemas de amortiguación, los bailarines a menudo prefieren prescindir de ellos porque la retroalimentación que tienen con el suelo es esencial en el éxito de su baile. También se sabe que el uso de zapatillas de punta es un factor de lesión y dolor. Así, será importante que, durante la gestión en el fisioterapeuta, el bailarín o la bailarina trabaje con su calzado habitual.

      Acceso a la atención especializada para bailarines: los estudios informan de que, a menudo, los bailarines y las bailarinas se sienten incomprendidos por los profesionales de la salud y reciben consejos innecesarios cuando no inadecuados. Por ello, lo ideal es que sean atendidos por profesionales que conozcan sus prácticas, limitaciones y capacidades físicas.

      1 https://www.huffingtonpost.fr/2015/04/11/journee-mondiale-contre-la-maladie-de-parkinson-tango-therapie-reconnecter-corps_n_7025302.html

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