Definir al enemigo

Son muchos, tanto en la derecha como en la izquierda (en Francia, desde Raymond Aron hasta Etienne Balibar), los que han debatido o dialogado con Carl Schmitt (1888-1985), a pesar de estar dotado de una reputación un tanto sulfurosa. Este jurista católico participó en la redacción de la Constitución de la República de Weimar, que consideró «hermosa, casi perfecta»; pero, como partidario de un Estado fuerte, criticó su impotencia y la de las democracias burguesas en general. En 1933, se unió al Partido Nazi (NSDAP). Concebidor de la teoría de los «grandes espacios», cercana a la del «espacio vital» que los nazis hicieron suya, Schmitt se negó después de la guerra, a diferencia de Martin Heidegger, a ser «desnazificado», lo que le privó de una posición académica, pero no de influencia…

La filósofa Céline Jouin, con El retorno de la guerra justa (1), un ensayo de su tesis, analiza minuciosamente uno de sus conceptos más discutidos, el de «guerra justa», «a veces equiparada a la guerra total, a veces distinguida de la guerra santa.» Se esfuerza por demostrar que este concepto se hace eco de nuestra situación actual en la medida en que «permite designar a un ‘enemigo’ que no es sólo el enemigo de tal o cual persona, sino que es el enemigo de toda la humanidad (el no demócrata, el Estado canalla, el terrorismo internacional, etc.), cuya aspiración a la paz pone en peligro, y con el que, por tanto, no se puede negociar». Como analizó Carl von Clausewitz a principios del siglo XIX a propósito de las campañas de Napoleón en España, los partidarios de estas políticas de exterminio provocaron una reacción en forma de guerra popular y nacional. Pero el «partisano» perdió entonces este carácter, con el «advenimiento de los ‘cosmopiratas y cosmopartisanos’ deslocalizados que llevarán a cabo su combate fuera de cualquier territorio nacional (2)», que Schmitt anunció ya en 1963 (3).

Sigue siendo la actualidad lo que cuestiona Schmitt cuando escribe que «el reconocimiento, por parte de las potencias externas, de los «rebeldes» como auténticos «combatientes», protegidos por el derecho internacional, y la elevación de la guerra civil al mismo rango de dignidad que la guerra externa no han sido nunca completos hasta hoy.» A medida que se multiplican los conflictos asimétricos, la ausencia de una definición operativa para distinguir un acto de guerra de un acto terrorista (que puede estar patrocinado por un Estado) revela la insuficiencia del derecho internacional.

En Regards croisés sur la guerre et la paix (4), las actas del simposio «Irenología y Polemología» celebrado en 2011 en Ginebra, estas son las preguntas que encontramos. El politólogo Gabriel Galice, miembro del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Ginebra (Gipri), subraya así que «la permanencia de la OTAN y la ampliación de su campo de acción son una ilustración de la recurrencia militar, y el poco espacio concedido a los planteamientos de los países emergentes atestigua el retraso de las ideas sobre los hechos». Por su parte, François-Bernard Huyghe, director de investigación del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS), afirma: «Sus problemas comienzan el día en que ha obtenido la victoria militar, que no es una victoria política. «

También hay ecos de la problemática schmittiana en el periodista estadounidense Ben Cramer, que ve en las oposiciones al reconocimiento de la guerra de guerrillas una «clara voluntad de negar el carácter jurídico del adversario», o en el sociólogo Alain Joxe afirmando que «la guerra total (clausewitziana) sale de la política y prohíbe la negociación; es lo que hoy se llama una guerra policial, no una guerra militar.» Para Joxe, «la cuestión de la política sigue siendo esencial para calificar las causas, los objetivos y los fines de los conflictos armados»

Sin embargo, el desorden contemporáneo exige, más allá de la observación, una ruptura con las concepciones fijas del derecho internacional; éste es el sentido de la reflexión de Jouin: «La expresión ‘guerra civil mundial’ no es una categoría jurídica, sino que designa una obra y la necesidad de que el derecho internacional contemporáneo vuelva a tener un control sobre las guerras reales. «

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