Depreciación

La depreciación contable se utiliza para calcular la pérdida de valor de un activo que tiene más de un año y cuyo valor supera los 500 euros sin IVA. Esto se conoce como bienes depreciables o activos fijos. Su activo pierde valor porque está sometido a la evolución técnica (obsolescencia del activo), al tiempo y al desgaste (deterioro físico). La depreciación le permitirá calcular y distribuir esta pérdida de valor a lo largo del periodo de uso del activo. La finalidad de la depreciación es reponer el capital para sustituir los activos fijos.

La contabilización de la depreciación es obligatoria al cierre de cada ejercicio contable.

Para amortizar un activo, el activo en cuestión debe permanecer en la empresa a largo plazo, el inmovilizado debe figurar como activo en el balance y el activo debe estar debilitado por el desgaste y el tiempo.

Algunos activos no son susceptibles de amortización, como los terrenos, el inmovilizado en construcción, los derechos de arrendamiento o incluso los activos financieros.

Si posees alguno de los siguientes activos ya sean físicos o inmateriales, puedes reclamar la amortización de los mismos:

– Edificios, instalaciones generales, enseres y accesorios,

– Equipos y herramientas industriales

– Vehículos de transporte

– Equipos de oficina e informáticos

– Mobiliario

– Patentes de invención y licencias

– Software y páginas web (bajo condición)

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