El Consejo Real: composición y atribuciones

Se trata en cierto modo de «La Corte en su función de Consejo», por lo que este consejo se encuentra en nuestra época a partir de las reuniones informales en torno al rey, su familia, su entorno cercano en la primera mitad del siglo XII. La palabra tiene una connotación de comunidad de vida con el rey. Estos pequeños caballeros son los que viven permanentemente con el rey.

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Estos son los que hacen prevalecer sus consejos, podemos citar al abad Suger, que escribe sobre este séquito real, «nosotros, sus íntimos y familiares» y además no se equivocan los contemporáneos ajenos a esta proximidad, que caracterizan en latín a los laterales regis, de ahí que no nos extrañe que algunos de ellos sean calificados como consejeros del rey.

Es su intimidad con el rey, la que confiere a estos hombres la condición de consejeros, es sólo hacia la década de 1150, con las mismas razones de siempre, (el aumento de las preguntas) que esta función de consejero se adscribirá a un cuerpo especializado, distinto, estructurado, que se desprenderá de la Corte. El Consejo, que se impone cada vez más como órgano de impulso y gobierno, donde se decide y define la política real en sus grandes líneas. Asistimos a la transformación de la composición del consejo y asistimos también a una mayor precisión de las atribuciones de este concepto.

Una composición transformada

Nos interesa percibir, las principales líneas de mutaciones. Hay que recordar según una regla constante de la realeza el rey debe antes de decidir, informarse.

Pero el rey puede llamar a quien quiera a su Corte, a su Consejo para que le ayude y esto según su voluntad. Así se constituye el Consejo de Ministros; esto explica la composición que siempre fluctuará de este Consejo, según las circunstancias, los deseos del rey, la personalidad del rey, la influencia de las amantes, el equilibrio de poder… a pesar de todo esto, el control del juego político vuelve al rey en última instancia, según un principio nacido del feudalismo y que no desaparecerá y que dice que el Consejo es un deber y no un derecho. Es por ello que este control queda en última instancia en manos del rey.

A partir de la segunda mitad del siglo XII, pero sobre todo a partir del siglo XIII, los clérigos y caballeros de la familia son sustituidos por periti (expertos) de los hábiles en lex, legistas. Del mismo modo, los grandes reviven la práctica del Consejo ya que es su deber estar allí y reclamar su lugar con el rey. Esto hace que mucha gente se apresure a acudir al Consejo Real.

Tenemos un consejo, con profesionales, uno con gente alta: el consejo aristocrático y un consejo «pletórico», (consejo importante en número)

Un consejo de profesionales

Desde el reinado de Luis VII, los caballeros y escribanos de la comitiva real, proceden de las escuelas parisinas y de Versalles. Algo así como un enjambre, floreciendo con los goliardos…

Los clérigos del séquito real, se benefician de esta instrucción erudita, de modo que en el Consejo Real, confieren a las decisiones que inspiran al rey, el prestigio del saber renacido.

Desde finales del siglo XII, los consejeros del rey son de hecho legistas, pero son sobre todo políticos en el sentido de asistir al rey en el ejercicio de sus funciones. Así, el carácter público se afirma cada vez más y para algunos de ellos, son nombrados por el rey para ser chargés de mission, cuya tarea es cuidar especialmente la defensa de la realeza, a la que representan con un celo fantástico, ya que su interés es que la realeza sea soberana y reconocida. Los concejales encontraron en ello un medio de promoción social. Esto hizo que, fuertes en la confianza del rey, impartieran justicia en determinados momentos en nombre del rey, recaudaran el dinero del rey, condujeran embajadas e incluso sirvieran de emisarios.

Filippe Auguste no aceptaba consejos de nadie «salvo de aquellos cuya presencia toleraban». Luis VIII en su lecho de muerte pide expresamente a sus barones y prelados que vayan a rendir homenaje a su hijo y procedan inmediatamente a su coronación, y lo hace «por consejo de sus consejeros». Estos hombres forman así en torno al rey un conjunto de técnicos muy competentes llamados a conocer todas las cuestiones que interesan al gobierno y a la administración del reino según la vocación general del consejo.

Así que son propiedad la fuente de todas las decisiones de la realeza, de todas las ordenanzas. Son, por tanto, los depositarios de la tradición real pronto monárquica y, sobre todo, mantienen con su presencia una unidad de miras y también una permanencia esencial en una administración y gobierno. Algunos de ellos permanecen tanto tiempo en la realeza y representan una dinastía de funcionarios reales. Especificidad porque observamos la continuidad del equipo de gobierno, aseguran la permanencia de la función real y de ahí saldrá la función pública. Así, en cierta medida, Felipe Augusto heredó los consejeros del padre.

Estos hombres están siempre con el rey, y a la muerte de Luis VIII organizarán la regencia en torno a su viuda (Blanca de Castilla) y que además conservará un papel bastante importante en el gobierno de su hijo. Cuando Luis IX parte para la cruzada es a ella a quien se le confía la custodia del reino con la asistencia de un consejo que está formado por hombres cercanos al rey, hombres que el rey ha elegido. El origen de esta particular formación del consejo que mucho más tarde se llamará el consejo estrecho o el consejo secreto que reúne a los hombres de confianza del rey (sus íntimos por ejemplo que no son de la alta aristocracia generalmente), pero que a diferencia de los príncipes de la sangre eran hombres educados y competentes. Marmouset es especie de nada en absoluto (mejor que especie de gilipollas)

Los sabios de nuestro consejo.

Los grandes que desprecian a estos marmousets que todo lo más con el resurgimiento de la realeza estos vuelven con fuerza en el consejo real porque consideran que por derecho forman parte de él.

Un consejo aristocrático

Entre ellos están los príncipes de la Iglesia, algunos grandes señores seculares. El rey no podía legislar sin los grandes señores hasta el siglo XII. La flor de lis se convirtió en el símbolo de la dinastía capitana. Estos miembros de la familia real, que se consideran allí por derecho, tienden a considerarse asesores nacidos de la realeza. Estos personajes son importantes en el siglo XIII porque los necesita, menos después.

Estos hombres son peligrosos porque están dispuestos a aprovecharse de las dificultades del poder sobre todo cuando es un poco débil, Blanca de Castilla tendrá que sufrir durante su regencia los asaltos de los príncipes de la sangre. El rey puede llamar a su consejo a quien quiera, no siempre lo convoca. Los grandes también abandonaron un poco este consejo porque cada vez eran menos competentes y los asuntos se complicaban más. En consecuencia, la influencia de los verdaderos consejeros del rey (los que son competentes) se impone en el siglo XIV.

A partir del XIV los grandes levantarán la cabeza sólo cuando la realeza se encuentre en fingida debilidad. En el consejo domina el elemento profesional o el elemento aristocrático, este último de todos modos acaba convirtiéndose en un consejo pletórico (demasiado poblado de gente). Con el desarrollo del poder real, el rey ya no puede gobernar con tanta gente.

El consejo pletórico

De hecho, con el paso de los años el consejo debido a la multiplicación de los asuntos y también al hecho de que el rey para controlar mejor a ciertos príncipes prefiere tenerlos cerca de él, este consejo se fue poblando. A partir de entonces, se hizo demasiado pesado y, en consecuencia, poco adecuado para el buen funcionamiento del gobierno. Es por ello que el rey tomará la costumbre de someter ciertas cuestiones a un número menor de consejeros lo que hace que de hecho, en realidad haya una dualidad de estructuras (es decir de hecho un consejo numeroso (consejo real) y un consejo restringido donde se delibera entre el rey y sus consejeros íntimos las decisiones más importantes).

Es este último consejo el que en el siglo XV se llamará consejo secreto, consejo estrecho o todavía consejo de asuntos. Se convirtió en un consejo de negocios bajo el reinado de Francisco I a principios del siglo XVI. También aquí, donde las deliberaciones entre el rey y sus consejeros íntimos no estaban sujetas a ningún acta, las relativas a la diplomacia interna general y a la política exterior, el consejo real ordinario perdía su importancia. El rey sólo hace breves apariciones. Jurídicamente se admite que este famoso consejo de asuntos no es distinto del consejo ordinario porque en derecho el rey sólo tiene un consejo. -> Ficción jurídica

De hecho, hay dualidad ver a lo largo de los años pluralidad de formación distinta.

Atribuciones especificadas

El capeto gobierna un gran consejo, decide solo pero después de deliberar. Esto explica que el consejo, que en un principio tenía una vocación muy general con su reorganización a partir del siglo XIII, dé paso a una cierta especialización, pues comienza en nuestra época y se afianza en las siguientes.

Vocación general del consejo

El consejo participa de la plenitud del poder del rey, de un rey al que secunda. Los primeros capetos no se contentaron con consultar a sus consejeros, sino que los asociaron a sus decisiones políticas, militares y judiciales. Dando a esta función un aspecto más deliberativo, es decir, la asociación con el desarrollo de la decisión final. El consejo es un órgano de competencia universal porque se corresponde con la competencia del rey, que también es universal. Los alguaciles y los senescales fueron nombrados en consejo tras una deliberación. El rey se reserva la posibilidad de recibir a cualquiera de sus súbditos que se dirija a él en su consejo, consejo que se ha convertido en el marco normal (en el sentido jurídico) de la justicia contenida del rey.

El rey plantea entonces el litigio en cuestión ante su consejo y lo hace juzgar en su presencia por su consejo. El papel del consejo es traducir la soberanía real. La ficción que expresa el gobierno capeto en todos sus atributos, se admite que si el rey debe en consejo (es a él y sólo a él a quien corresponde la decisión final). En otras palabras, si el poder se delega no se comparte. El rey tiene siempre a su lado hombres aunque no esté allí para decidir en su lugar del golpe superando incluso la simple idea de consejo (en el sentido de opinión) para unirse a ese hecho mucho menos ficticio y mucho más real de las deliberaciones.

El inicio de una cierta especialización de este consejo

Sin dejar de ser jurídicamente un solo cuerpo el consejo fue durante el siglo XIV, a través de un proceso de especialización que llevó a la aparición de hecho de diferente formación. Es a Francisco I a quien debemos la creación del consejo de negocios. Esta especialización es especialmente evidente en el ámbito de la justicia. Sigue siendo difícil trazar la evolución, simplemente porque no es fácil ajustar la cronología. Apareció en el siglo XV una sección especializada en asuntos judiciales, esta sección especializada será objeto de órdenes reales que transformarán esta sección especializada.

Este gran consejo que es una emanación del consejo real se convierte en realidad en un Tribunal de Justicia soberano al que se le asignará un personal especializado. Este tribunal soberano, que en el siglo XV se llamaba Grand Conseil, tenía la misión de resolver todos los litigios de los litigantes que el rey había sustraído al conocimiento de la justicia delegada. Se vio obligado a crear estructuras capaces de satisfacer las necesidades de los litigantes. El Gran Consejo acabó pareciendo demasiado desordenado, demasiado alejado del rey. De nuevo los justiciables que querían dirigirse al rey presionan, se produce la creación del consejo de las partes que también se llama consejo privado.

Este se especializará en la reforma de las sentencias que se dictan bien por los parlements o por el grand conseil y también se especializa en la casación de estas sentencias. Este es el lejano origen de nuestro actual tribunal de casación. La dificultad es que en derecho siempre habrá un solo consejo: el consejo real, el consejo ordinario que proviene de la curia regis. El rey en su tarea de gobierno es un rey que se ha convertido cada vez más en el garante de la cohesión de la comunidad política, de la sociedad de la que está a cargo por voluntad de Dios con un poder enmarcado -> Monarquía

El rey recuerda que su poder no deriva de nadie más que de Dios. Es responsable y debe rendir cuentas a Dios por el bienestar de la sociedad. Esto es bueno porque cada vez más, especialmente a partir del siglo XIV, las asambleas ampliadas (en su composición) tienen su parte en el ejercicio del poder.

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