El «divorcio a la egipcia» no ha dicho su última palabra

«¡Estáis divorciados, divorciados, divorciados!». Basta con que un hombre egipcio pronuncie estas palabras en voz alta, incluso en la forma abreviada de «estás divorciado, tres veces», delante de su mujer para repudiarla. El Consejo de Ulemas de Al-Azhar, máxima autoridad islámica en Egipto, acaba de reafirmar la validez de este «divorcio verbal» como práctica «vigente entre los musulmanes desde la época del Profeta: divorcio que no requiere ni testigos ni documentos». Rechaza así la petición del presidente Abdel Fattah al-Sissi de revisar la legalidad de esta práctica.

El presidente de la República egipcia sí había reavivado el debate sobre este controvertido asunto. «Ya que el matrimonio debe estar documentado, ¿no debería estarlo también el divorcio?», se preguntó en un discurso público, sugiriendo la adopción de una ley que prevea la presencia de un representante legal para que el divorcio sea reconocido. El jefe de Estado acaba de ser informado de las estadísticas que indican un aumento considerable de los divorcios entre los egipcios. En 2015, para 900.000 matrimonios, el país registró 160.000 casos de divorcio, lo que equivale a una ruptura cada tres minutos. Eso hace que la tasa de divorcio sea del 40% en los primeros cinco años de matrimonio.

«El divorcio verbal no cuenta en realidad»

Salvo que este aumento no estaría relacionado con el divorcio verbal. Pues aunque en la realidad conduzca a una separación, no tiene ningún valor jurídico, argumenta Ali Gomaa, antiguo muftí de la república egipcia. Son los divorcios registrados en los tribunales los que han saltado del 13% al 40% durante este periodo», dijo el líder religioso en un debate televisado. El divorcio oral de un hombre es sólo una intención. Para que se convierta en escritura, debe registrarse formalmente en un plazo de 30 días». De hecho, desde 1931, el contrato verbal ha sido abolido del derecho egipcio. «El divorcio verbal no cuenta en la realidad», confirma el predicador musulmán reformista Jaled Al-Gindi. «El hombre puede pronunciar los términos del divorcio oralmente 20.000 veces, sin ningún valor. Hay dos contratos, uno de matrimonio y otro de divorcio, y sólo el segundo puede anular el primero», dice el experto en jurisprudencia.

La polémica refleja una tensión entre un poder que quiere mostrar su cara modernizadora y una autoridad religiosa que insiste en mantener una tradición machista, cada uno buscando defender su estatus y posición. Las figuras religiosas cercanas al régimen han aprovechado la oportunidad de las declaraciones del presidente Al-Sissi para exigir la abrogación del divorcio verbal. Pues el gobierno egipcio parece decidido a introducir una nueva ley en este sentido en las próximas semanas. Hace más de seis meses que se está trabajando en ello. No afectará al número de divorcios, pero podría ayudar a garantizar los derechos de las mujeres», afirma la abogada Intissar Said. Porque los hombres recurren al divorcio verbal para escapar de sus obligaciones financieras con sus esposas e hijos». En el 80% de los casos, son las causas económicas, según la abogada, las que están en el origen de las solicitudes de divorcio presentadas por las mujeres. La negativa del hombre a mantener a la familia empuja a las mujeres a hacer uso de este derecho tan desigual que tienen en la legislación egipcia.

Incontables obstáculos para las mujeres

Como señalaba un informe de 2004 de la organización Human Rights Watch, «en Egipto, los hombres gozan de un derecho unilateral e incondicional al divorcio. Nunca tienen que acudir a los tribunales para poner fin a su matrimonio. Las mujeres, en cambio, tienen que acudir a los tribunales para divorciarse de sus maridos y, al hacerlo, se enfrentan a innumerables obstáculos sociales, legales y burocráticos. Las mujeres que solicitan el divorcio en Egipto tienen dos opciones: divorcio por culpa o sin culpa. Para iniciar un procedimiento de divorcio por culpa, que puede concederle todos los derechos económicos, la mujer debe aportar pruebas de los daños causados por su marido durante el matrimonio. Incluso las acusaciones de abuso físico a menudo tienen que ser respaldadas por testigos.

Desde el año 2000, las mujeres egipcias tienen la opción de solicitar un divorcio sin culpa. Pero para ello deben aceptar perder sus derechos económicos y devolver la dote que sus maridos les aportaron cuando se celebró el matrimonio. «Resulta paradójico que en una sociedad en la que el 35% de los hogares son alimentados por mujeres y en la que las jóvenes tienen mucho más éxito que los chicos en sus estudios, el destino de una mujer quede sellado por unas palabras pronunciadas por un hombre», escribe Amina Khairi. La columnista egipcia saluda en su columna del diario Al-Hayat «la iniciativa progresista del mariscal Al-Sissi frente al tradicionalismo de Al-Azhar»

La polémica en torno a esta cuestión social ha servido, en cualquier caso, para animar los debates en la escena pública egipcia, proporcionando una útil distracción del estrangulamiento económico que sufre el país.

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