El exorbitante costo de la violencia que desangra a América Latina

Enfrentados a las tres lecciones contra el crimen en América Latina , los gobiernos aumentan el número de policías y construyen nuevas cárceles. Las empresas proporcionan coches blindados o guardaespaldas a sus ejecutivos. Los edificios residenciales están protegidos por empresas de seguridad cuyos métodos se inspiran a veces en el Mossad. Las cámaras son omnipresentes en las calles de Lima o São Paulo. Pero estos reflejos están resultando ineficaces, según un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), mientras que el coste global de la violencia y la delincuencia es cada vez más desorbitado.

Un impedimento para el desarrollo económico y social

Este coste, el BID lo cifra en más de 170.000 millones de dólares al año. El proyecto de ley incluye el gasto del sector público y privado, así como los costes indirectos generados por los homicidios y el encarcelamiento. «Eso es alrededor del 3,5% del PIB. Es el equivalente a lo que la región invierte en infraestructuras cada año. Es una cantidad enorme de dinero», afirma Laura Jaitman, autora del Informe del BID sobre el coste de la delincuencia y la violencia (1).

Esto no sólo es un impedimento para el desarrollo económico, sino también para el desarrollo social. El coste de la delincuencia, por ejemplo, es seis veces mayor que el de los programas de lucha contra la pobreza en Brasil o México, señala el informe. Esta cifra también corresponde a los ingresos del 20% más pobre de la región, según el Banco Mundial.

A modo de comparación, el BID también calculó el coste de la violencia en seis países desarrollados. El resultado: es la mitad que en América Latina ( en Francia, asciende al 1,9% del PIB). Sin embargo, el coste varía mucho dentro de la propia América Latina (es mucho más elevado en Centroamérica -Honduras y El Salvador, en particular- que en el Cono Sur).

Abordar preferentemente las raíces de la violencia

Las políticas de seguridad no han tenido mucho éxito. «A los gobiernos les gusta mostrar que están aumentando el gasto en este sector, pero no vemos ningún resultado concreto (en cuanto a la reducción de los homicidios). Este dinero podría estar mejor empleado», dice Laura Jaitman.

El mayor número de víctimas y delincuentes tiene entre 14 y 26 años.

El BID recomienda en cambio que los gobiernos de la región aborden las causas de esta violencia, y destaca la falta de oportunidades para los jóvenes, así como la debilidad de las instituciones. El mayor número de víctimas y delincuentes tiene entre 14 y 26 años», afirma Nathalie Alvarado, jefa de la división de seguridad ciudadana del BID. La mitad de ellos no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo. En otras palabras, la puerta está abierta a la marginalidad. Hay pocos incentivos para que la gente se dedique a actividades legales», añade Laura Jaitman. Muchos jóvenes creen que es mejor intentar salir de ella a través de la delincuencia», añade. Aunque no hay «soluciones mágicas», el BID hace hincapié en las políticas que reducirían el coste de la delincuencia (mejor policía, menos impunidad, justicia más rápida), así como en otras acciones preventivas que evitarían que la gente recurriera a la delincuencia. La pelota está más que nunca en el tejado de los gobiernos de la región.

(1) «The Costs of Crime and Violence – New Evidence and Insights in Latin America», BID, 2017

VIOLENCIA: EL ESPECTACULAR AUMENTO DEL PERIL EN BRASIL

Hermes da Silva estaba charlando en la puerta de su casa cuando recibió un disparo en el estómago durante una operación policial. El hombre de 70 años no sobrevivió a sus heridas, y otros cuatro civiles resultaron heridos. La escena tuvo lugar la semana pasada en la «Cidade de Deus» (Ciudad de Dios), un barrio de Río inmortalizado en una película de 2002 de Fernando Meirelles. Quince años después de esta exitosa película, la violencia sigue destrozando Río. Los enfrentamientos entre la policía y los narcotraficantes, o entre facciones y milicias rivales, son habituales en los barrios pobres de las metrópolis brasileñas. La población es regularmente víctima de «balas perdidas», por no hablar de los numerosos robos.

El tranvía de los Juegos Olímpicos se interrumpe regularmente

El tranvía, recientemente construido para las Olimpiadas para revitalizar el centro de la ciudad, tampoco se ha librado. El tráfico en su única línea ha tenido que detenerse seis veces en los últimos seis meses debido a los tiroteos. En cuanto a los automovilistas, a menudo se ven sorprendidos por disparos esporádicos en algunas carreteras principales cercanas a zonas sensibles.

60.000 asesinatos en un año en Brasil

La cifra de víctimas es elevada. En Río, la tasa de homicidios alcanzó los 32 por cada 100.000 habitantes. Esta cifra es superior a la media de América Latina (24 por 100.000), que a su vez registra 20 veces más homicidios que Francia, señala el BID. Las estadísticas más recientes son de 2014.

En total se cometieron 60.000 asesinatos en Brasil, más del 10% del total registrado en todo el mundo. Los estudios oficiales señalan fuertes desigualdades regionales, económicas y raciales. «Un individuo con menos de ocho años de estudios tiene una probabilidad 5,4 veces mayor de ser asesinado que alguien que ha estudiado más tiempo», señaló el año pasado el Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA).

«El racismo mata», no dudó en añadir uno de sus investigadores, mostrando que el número de homicidios entre la población negra, ha aumentado mucho más rápido que entre el resto de la población en 10 años. En cuanto a las fuerzas del orden, también son víctimas de esta violencia: en el estado de Río, casi 100 policías fueron asesinados en 2015, mientras que 645 civiles murieron durante estos enfrentamientos. Eso es casi dos por día.

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