El Jugador del Club

Para decirlo con un tópico muy manido, hace falta de todo para hacer un mundo. Una afirmación que también se aplica a un equipo de fútbol. Pequeño, alto, delgado, no tan delgado. Jóvenes, mayores, nuevos y fieles entre los fieles. En Esvres, algunos jugadores -son raros- sólo han conocido una y única camiseta. Es el caso, sobre todo, del que recibe el apodo de «Chich», la mayoría sin saber muy bien por qué. Es un apodo que viene de una adolescencia lejana. Este famoso Chich’, Aurélien por su nombre de pila, lo veo desde los equipos juveniles. Su primera licencia en el club se firmó cuando el equipo francés aún no había conseguido su primera estrella. Desde entonces, el idilio ha sido continuo, con la excepción de una temporada en la que estuvo apartado por una lesión de tobillo. Eso es lo que ha durado. En las categorías inferiores, era uno de los eslabones más fuertes de un equipo que, de hecho, era más que eso: un verdadero grupo de amigos. Si el equipo se ha desintegrado a lo largo de los años, la banda sobrevive. Los recuerdos son legión en el campo, con él y con los demás compañeros. Victorias, títulos, derrotas, lesiones. Hoy, ya en la treintena, sigue entregándose en cuerpo y alma -en la medida de lo posible- por un club que es parte integrante de su identidad. Aunque su actividad profesional haya hecho mella en su dedicación. Ha pasado de ser un habitual del primer equipo durante muchos años a ser un comodín en la selección absoluta. A veces era llamado al primer equipo. A veces en el tercer equipo. A veces en las reservas.

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