El síndrome de la hubris o los efectos del poder en la personalidad

FOCUS – El poder puede cambiar significativamente una personalidad. Incluso transformarlo. Para combatir el síndrome de la arrogancia, debemos empezar por luchar contra nuestra tendencia a admirar el poder.

Por Quentin Périnel

Publicado el 28/06/2017 a las 06:00, actualizado el 29/06/2017 a las 13:23

Crédito: Ilyafs
Credit: Ilyafs

«Todo poder es una conspiración permanente», dijo Honoré de Balzac, hablando de Catalina de Médicis. «Todo poder sin control vuelve a uno loco», escribió el filósofo Alain en su ensayo «Política». El poder siempre ha inspirado a los escritores. También se dice que el «síndrome de la arrogancia» -cuando el poder vuelve loco a un individuo- ha transfigurado a muchos personajes históricos. Pero el síndrome de la arrogancia no sólo afecta a los «grandes de nuestro mundo». En la oficina, ¿quién no ha observado alguna vez el cambio de comportamiento de un compañero tras un ascenso? A veces no hace falta mucho para que los efectos del poder sean nocivos…

En un libro titulado «The Hubris Syndrome: Bush, Blair and the Intoxication of Power», el médico y ex ministro de Asuntos Exteriores David Owen describe ampliamente esta patología, que ya se había observado durante la antigüedad. Para apoyar su reflexión, el autor evoca las enfermedades que han afectado a los jefes de Estado, cuyo poder ha cambiado completamente su personalidad. Algunos síntomas: narcisismo, arrogancia, megalomanía… En total, son nada menos que 13 elementos simultáneos los que confirman que una persona sufre el síndrome de hubris.

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La crítica, único remedio para este síndrome

La web de La Vie cita un trabajo del investigador Ian H. Robertson, que estudió el efecto de la arrogancia en una especie de pez que evoluciona en el lago Tanganyka, en África, en el que la asunción de poder provoca una reacción hormonal que cambia su organismo. El investigador explica que la situación es similar en el caso de los seres humanos, cuya potencia multiplica por diez la inteligencia gracias a un suministro de dopamina, pero «un exceso de ésta tendrá consecuencias perjudiciales». Pero un exceso tiene consecuencias perjudiciales. El poder absoluto inunda el cerebro de dopamina. También crea una adicción», dice el investigador. Pero eso no es todo. «El exceso de confianza en uno mismo pone en marcha un mecanismo mental que le impide evaluarse en su verdadero valor. Cuanto más evalúes tus propias cualidades, más modesto serás. Y, normalmente, uno no se siente apto para ser jefe de Estado», explica a La Vie Sebastian Dieguez, investigador en neurociencia de la Universidad de Friburgo.

¿Cómo se puede resistir al síndrome de hubris? rodeándose de un entorno hostil, o al menos crítico. Necesitas la adversidad. Estos son los peligros del poder: una vez obtenido, pone en peligro las cualidades que permitieron a alguien conseguirlo. Los suizos lo hacen muy bien», dice Dieguez. El órgano ejecutivo tiene siete líderes, que se turnan para dirigir el país. Siempre son personalidades aburridas, gestores desapasionados que nunca ceden a la política del espectáculo». Así que la conciencia debe ser total: ¡nosotros mismos debemos luchar contra nuestra facultad de ser demasiado admiradores del poder!

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