Encarcelado y debilitado, Julian Assange se prepara como puede para su juicio de extradición

Julian Assange saliendo del Tribunal de Magistrados de Westminster en Londres, el 13 de enero.
Julian Assange saliendo del Tribunal de Magistrados de Westminster en Londres, el 13 de enero. DOMINIC LIPINSKI / AP

En abril de 2019, la imagen dio la vuelta al mundo: Julian Assange, el director de la web WikiLeaks, es sacado a rastras por la policía de la embajada de Ecuador en Londres, donde llevaba refugiado más de seis años. Llevado a la fuerza en un vehículo policial, toma la dirección de la prisión de Belmarsh, un vasto complejo penitenciario no lejos del Támesis, al este de la capital británica.

Nueve meses después, sigue encarcelado allí, a la espera de su juicio de extradición, que comenzará el 24 de febrero. Estados Unidos le acusa de 18 cargos. Acusado en particular de espionaje por haber publicado en 2010, con varios periódicos, entre ellos Le Monde, documentos secretos estadounidenses, Julian Assange se enfrenta a una pena de 175 años de prisión.

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Temores por su salud

Su equipo jurídico acaba de obtener una pequeña primera victoria: el australiano de 48 años ya no está en régimen de aislamiento. Un portavoz de su organización dijo el viernes 24 de enero que había sido trasladado a un «ala médica» de la prisión de Belmarsh, en parte por la presión, siempre según este portavoz, de sus compañeros de prisión.

Una satisfacción para los abogados y partidarios de Julian Assange, que han multiplicado las alertas sobre su estado de salud. El periodista que hizo temblar a los gobiernos tiene la cara hinchada por el estrés y ha perdido 15 kilos desde el comienzo de su estancia en la cárcel, según su padre, citado por Paris Match, que lo visitó recientemente.

En noviembre, basándose sobre todo en las conclusiones del relator de la ONU sobre la tortura, sesenta médicos habían publicado una carta abierta en la que expresaban su «grave preocupación por el estado de su salud física y mental». Dirigida a Priti Patel, ministra del Interior británica, y a Diane Abbott, su homóloga en el gabinete en la sombra, la carta pretendía «llamar la atención de la opinión pública y del mundo sobre esta grave situación». Ante la falta de cuidados, escriben los firmantes de la carta, «tememos realmente, basándonos en las pruebas actualmente disponibles, que el señor Assange pueda morir en prisión»

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En octubre, en una vista procesal en Londres -su primera aparición pública desde su detención-, el australiano sí había aparecido desorientado y debilitado. Con el habla arrastrada, según los periodistas presentes en el lugar, Julian Assange había protestado por el trato que estaba recibiendo.

«No puedo pensar con claridad. No entiendo cómo esto puede ser justo. Esta superpotencia ha tenido diez años para preparar este caso y yo ni siquiera puedo acceder a mis documentos», había dicho, retransmitido por la prensa y por WikiLeaks.

Julian Assange volvió a comparecer en el tribunal londinense el 13 de enero para una nueva audiencia técnica. Allí, se limitó a confirmar su identidad y a expresar su falta de comprensión de los detalles del proceso en su contra, según las agencias de noticias presentes en el lugar. El activista pudo contar con un puñado de manifestantes que acudieron a mostrar su apoyo, como hacen en cada audiencia. Ese día, la popular cantante M.I.A. incluso había hecho el viaje.

Las dificultades de sus abogados

En diciembre, Julian Assange habló por videoconferencia, esta vez como testigo, ante otro juez -español, este-. Este último investiga a una empresa española a la que las autoridades ecuatorianas encargaron la seguridad de su embajada en Londres, entre 2015 y 2018. WikiLeaks presentó una denuncia contra esta empresa, UC Global, por haber instalado cámaras y micrófonos en los aseos y en el extintor de una sala de reuniones del edificio, a partir de 2017. Según WikiLeaks, esta vigilancia de Julian Assange alimentó en secreto a la inteligencia estadounidense.

Los abogados del australiano seguramente utilizarán el caso, que puede haber comprometido la confidencialidad de sus relaciones con Julian Assange, para luchar contra la extradición de su cliente. El equipo de la defensa de Assange ha tratado de retrasar al máximo la vista prevista en Londres para el 24 de febrero y se ha quejado repetidamente de las dificultades para hablar con su cliente. «Simplemente no podemos retroceder cuando necesitamos ver al señor Assange y recibir sus instrucciones», explicó el jueves 23 de enero Edward Fitzgerald, uno de sus abogados.

Ese día, un juez británico dio al australiano y a sus abogados una pequeña victoria al decidir dividir en dos la próxima audiencia de extradición. Además de la audiencia de una semana prevista en Londres a finales de febrero, la justicia británica tiene previsto celebrar otras tres audiencias en mayo. Por ello, la justicia cree que necesita un mes completo de debate: prueba de la sensibilidad y complejidad del asunto sobre el que tendrá que decidir.

«Investigaciones desalentadoras»

Mientras tanto, Julian Assange y WikiLeaks siguen recibiendo muchas muestras de apoyo. Desde que el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunciara el procesamiento de Julian Assange por espionaje, justo después de su detención en Londres en mayo de 2019, muchas organizaciones de defensa de la prensa han denunciado, en efecto, estos cargos, considerados contrarios a la libertad de prensa.

En un artículo de opinión publicado en el Washington Post el lunes 27 de enero, el denunciante Edward Snowden comparaba así los cargos contra el periodista Glenn Greenwald formulados por la justicia brasileña y los cargos que actualmente están pendientes contra Julian Assange. Son, escribió, «intentos de desalentar las investigaciones más incisivas de los periodistas más valientes y de sentar un precedente que podría congelar las plumas de los más irascibles de entre ellos».

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