Esta es la historia de un payaso


Aquí hay una criatura que debería estar prohibida para menores de 18 años. Figura de culto del cine de terror, los payasos asesinos han traumatizado a generaciones de niños

Una figura de culto del cine de terror, Los payasos asesinos han traumatizado a generaciones de niños
Una figura de culto en las películas de terror, los payasos asesinos han traumatizado a generaciones de niños © Getty / Ian Nolan
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Esta es la historia de un payaso,

Que amaba a los niños. Los quería tanto que quería que se desangraran. En pleno agosto, en el corazón del verano, sólo los aficionados encuentran la fuerza para moverse. Aquí, en Greensville, el tiempo se ha congelado: sólo esperamos el inicio del nuevo curso escolar. Miramos el sol mientras se pone. Es una noche oscura cuando comienza esta historia. En el fondo de un pequeño jardín, el jardín de atrás, aquel en el que se encuentran los juguetes que queremos dejar atrás. Aquí una bicicleta plana, allí una cabeza de muñeca. En el centro, al fondo, qué gracioso es este payaso que mira la casa. Máscara blanca, peluca roja. En silencio, avanza. En su mano, una cadena se mueve: clic, clic, va así, con cada uno de sus pasos. Lentamente, pero con seguridad, se dirige hacia la casa. No está solo, no. A su lado está su compañero, su amigo, que lleva una estrella negra en medio de la frente. Miran al frente, directamente hacia la casa. En la ventana, un niño pequeño. Le dan un caramelo y le dicen: «Vamos, cariño, ven a coger un caramelo». El niño se asusta, dice que no, gira sobre sus talones, corre al salón, avisa a sus padres… oh, qué razón tiene. Levantan el teléfono y marcan el 17: la policía está lista. Las sirenas ululan en la distancia, se precipitan hacia el jardín: nada más. No hay payasos, ni rastro: se va enfadada. El niño se va a la cama, la policía vuelve consternada. Su teléfono, sin embargo, no deja de sonar.

Eso es porque el payaso asesino sigue atacando. Al menos, eso es lo que pensamos. Al menos eso es lo que vemos. Una noche en un aparcamiento, o en el borde de un bosque. Se acerca y se queda ahí. Sonríe, es horrible, y luego esos ojos… Tan pequeños, tan penetrantes… ¡O no! Son grandes, pero están inyectados en sangre. El rumor se extiende, y pronto lo compartimos, en las redes sociales. Fotos, vídeos… montajes, por supuesto, pero qué más da: justo detrás de la puerta, el payaso parece estar apostado, dispuesto a sacar a relucir nuestros miedos más profundos, nuestras pesadillas más oscuras. Ya sabes los que, cuando éramos pequeños, nos hacían comprobar, antes de acostarnos, si no había uno, debajo de nuestra cama, escondido. Esos payasos de película, ese Joker y el It, de Stephen King, que, nos quitaron el sueño, largas noches, años.

Y ahora aquí están de nuevo, más reales que nunca, increíbles pero ciertos. El verano los ha traído de vuelta. En pocas semanas, se han extendido. Los hemos visto con nuestros propios ojos en unos 30 estados: Florida, Iowa, incluso Alabama. Quejas, denuncias, «se lo juro, agente, llevaba un machete en la mano»; «este tenía una furgoneta, iba con niños, creo que les hizo subir». Septiembre, es la vuelta al cole: el miedo sigue subiendo.

La policía intenta calmar el juego, no se lo toma muy en serio. No sigue ninguna denuncia: falta de elementos, no hay procesamiento. Finalmente llega octubre, no hay sospechosos fichados, ni una víctima que lamentar.

Es una conspiración, seguro. Debemos tomarle la medida. Defendernos, nosotros los ciudadanos, cuando la policía no hace nada. Así que un lunes por la noche en otoño, todo un campus, como un solo hombre, decide salir a la calle. En la Universidad de Penn State, en Pensilvania, bastó un mensaje de WhatsApp: se ha visto un payaso asesino, van a tener una paliza. Hay diez, hay cien, pronto hay quinientos. Bates de béisbol, palos de hockey, están armados hasta los dientes. Atraídos por los gritos, los habitantes, los transeúntes, no tardan en acudir a engrosar sus filas. Durante horas, siguen la pista de este payaso sediento de sangre. Los estudiantes se vuelven violentos, la policía viene a dispersarlos, el campus es confinado. ¿Y el payaso? Todavía no se ha encontrado. Oh, sí, una imagen, proyectada. En la pared de la universidad. Como todos los años, la rumorología se ha detenido al llegar Halloween. Payasos asesinos, olvídalo. Finalmente, seré tú, no intentaré dar la vuelta.

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