Grus Gascogna – La grulla cenicienta en el territorio de las Landas de Gascuña

No puedes confundirla una vez que la has visto.
La grulla cenicienta es el ave más grande de Europa.

No es que su envergadura sea tan escandalosa, aunque puede alcanzar los 240 cm de punta de ala a punta de ala, ya un tamaño respetable, pero de punta de pata a punta de pico puede medir 140 cm.
En el vuelo, el cuello extendido y las largas patas dejan poco margen de error.

Las abejas o los cormoranes también estiran bien el cuello, pero no tienen las patas tan largas, y las garzas meten el cuello.

A lo sumo, la cigüeña se le parece, pero confíe en esas grandes V sucesivas: la cigüeña no es tan ordenada y se mantiene en silencio.
Su plumaje también la distingue de lejos.
En el conjunto gris ceniza, las remiges negras que tan bien contrastan en el vuelo desaparecen bajo las coberturas grises.

Su largo cuello negro, la frente también negra, contrastan con el mechón blanco de la nuca que sube elegantemente hasta cubrir sus mejillas. Por último, una mancha roja en la parte superior de la cabeza remata el colorido de la grulla.
La arquitectura de las plumas de un ave varía de una especie a otra, pero las de las alas, las remiges, que utilizan para volar, deben cumplir unas estrictas normas para cumplir su función. Así, encontramos las remiges primarias, insertadas en la mano, las secundarias, en el antebrazo y las terciarias en el brazo. Son estas últimas, flexibles y de aspecto erizado, las que se confunden con la cola del ave.

Aquí está la grulla cenicienta en su vestido de adulto. Pues casi no hay distinción entre macho y hembra, salvo en el tamaño, siendo los machos notablemente más grandes, con la mancha roja en el cráneo ligeramente más grande.
Los jóvenes en cambio, se inclinan más hacia el marrón o incluso el rojizo, sin mucho matiz, sobre todo en la cabeza donde aún no aparecen las rayas blancas y negras. Pero esto sólo es cierto para los jóvenes del año a su llegada a Francia al comienzo de la invernada. Poco a poco, en invierno, van mudando para adoptar lentamente su plumaje de adulto y, a partir de febrero, es más difícil distinguirlos de sus padres.

Por los reclamos que hacen, los jóvenes también pueden distinguirse de los adultos. En vuelo se les puede adivinar por sus agudos silbidos, mientras que sus congéneres más maduros emiten ese reclamo trompetero que les ha valido el nombre científico de Grus grus.
Porque sí, el nombre de la grulla es una onomatopeya de su llamada, y eso en muchos idiomas.
Para escuchar la canción de las grullas….clic aquí

MP3 - 3,1 MB

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