Inscripciones deLa Antigüedad y el Bajo Imperio en Corinto – Perseo

Inscripciones de la Antigüedad y el Bajo Imperio en Corinto

Corinto, Resultados de las excavaciones realizadas por la Escuela Americana de Estudios Clásicos de Atenas, Volumen VIII, Parte III, Las inscripciones 1926-1950, por J. II. Kent; 258 páginas in-4° y 64 láminas fotográficas; Princeton, Nueva Jersey, 1966.

En la publicación de las excavaciones americanas realizadas en Corinto desde 1896, dos volúmenes, publicados conjuntamente en 1931, habían dado a conocer las inscripciones encontradas hasta 1926 o 1927: Corinto, VIII 1, Inscripciones griegas 1896-1927, por B. D. Meritt, y VIII 2, Inscripciones latinas^ 1896-1926, por Λ. Β. Al oeste. El nuevo volumen agrupa las inscripciones encontradas desde 1926 hasta 1950 y, por una innovación que hemos reclamado a menudo (1), tanto en griego como en latín en esta colonia romana. Las inscripciones publicadas en los dos volúmenes anteriores, transformadas por las aportaciones de diversos críticos, no se repitieron; sólo se actualizaron cuando se pudieron añadir nuevos fragmentos a los textos ya conocidos, fragmentos que se conectaron o permanecieron aislados junto a los del mismo monumento.

El editor ha dejado fuera un gran número de fragmentos inutilizables; su parecido abarrotó el volumen VIII 1, como se había observado en la otra cara (2). Justifica fácilmente esta exclusión, dando los números de inventario de los excluidos, pp. 214-215: «De los 1.600 números, más del cuarenta por ciento (653) se refieren a fragmentos que sólo contienen una o dos letras o partes de letras… No tienen bordes conservados, ni rasgos interesantes, como cruces, marcas de abreviatura, ni puntuación o ligaduras; no permiten la restitución segura de ninguna palabra en sí. En consecuencia, no hay ninguna pista sobre el tipo de texto al que pertenecen. 387 fragmentos conservan tan poco que es imposible decir si deben clasificarse como latinos o griegos. En conjunto, estos fragmentos dan una prueba sorprendente de la abundancia original de inscripciones en la Corinto romana, y aún más de la conciencia con la que fueron destruidas. Pero, cada uno por separado, es evidente que estos fragmentos no aportarán nada hasta que otros fragmentos se conecten con ellos o hasta que ellos mismos

(1) Cf. en particular Actas del II Congreso a «1 epigr. París 1952, 45-46; cf. H. Bloch, Am. J. Phil. 1955, 93 (para Portus); Bull. Epigr. 1965, 2. Cf. Th. Mommsen, Ges. Schriften, VIII, 168-169.

(2) Cf. en particular G. Klaffenbach, D. Liter. 1932, 1692 ; W. Peek, Gnomon 1933, 415 (cf. Bull. Epigr. 1958, 206, p. 236).

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