La Copa del Mundo, ¿circo de la violencia o escenario cosmopolita?

Revista Philosophie: ¿Verás el Mundial 2006?

Yvan Gastaut: Sí, lo veré, porque es fascinante. Este deporte, el más compartido del mundo, nos permite analizar la cultura popular (estadios, pubs y bistrós, periódicos deportivos). Cruzó el Canal de la Mancha en 1820 y se universalizó en el siglo XX -la Fifa se creó en 1904 para globalizarla- en una época en la que explotaron los fenómenos de masas (radio y televisión, pero también populismo y fascismo). El fútbol es el hilo conductor de la sociedad popular; es un lenguaje universal que ofrece un medio de reconocimiento más allá de las fronteras. Incluso cuando se profesionaliza y mediatiza, sigue siendo el deporte de la calle y del patio de recreo.

Marc Perelman: Ya no hay escapatoria del fútbol. Todos los medios de comunicación están ya saturados de la globalización del fútbol, aunque a China, Estados Unidos, India y Australia les preocupe menos. Veré el Mundial, pero para ver lo que la mayoría de mis colegas no ven: no los bonitos goles y partidos, sino la violencia que cada vez es más evidente en el campo, en las gradas y fuera del estadio. El fútbol es ahora la gran plaga del siglo. Los intelectuales, en lugar de desvariar, deberían trabajar para mostrar la violencia difusa y omnipresente en todos los niveles del fútbol.

¿Es el Mundial un fenómeno de alienación que sustenta el instinto bélico o un medio de confrontación pacífica?

Marc Perelman: Yo desvinculo el fútbol de los amigos y de los patios del fútbol organizado. Con la institucionalización de la competición en grandes estadios, con la inversión de capital – piense que el presupuesto de la Fifa es equivalente al de Francia – la confrontación se vuelve ilimitada. El fútbol no es un espejo de la sociedad, es un proyecto en sí mismo, donde un discurso ideológico (la apelación a la juventud, el juego limpio, el arte, la neutralización del racismo…) encubre una práctica y una política de violencia. Recordemos el anuncio de Azouz Begag de que las dos cabezas de Zidane en 1998 iban a avanzar en la integración. Resultado: ¡tenemos a Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2002!

Yvan Gastaut: El fútbol es una forma pacífica de imitar el enfrentamiento entre dos equipos y dos naciones, y por tanto de unir a la gente. Es un vector de cosmopolitismo. La composición multiétnica de los clubes suele adelantarse a la mezcla de las sociedades. Pero el fútbol también fomenta la violencia y se utiliza constantemente como herramienta política. Hay que reconocer que hay una puesta en escena en este deporte que permite proyectar las pasiones políticas, más que en el aikido… En 1998, el partido Irán-Estados Unidos, que no tenía nada en juego, se anunció como un choque de civilizaciones. Pero, dado el deshielo iniciado por Bill Clinton en las relaciones entre los dos países, el partido, que terminó con la victoria de Irán, juega finalmente en la dirección del apaciguamiento. Hoy sería muy diferente. La Copa del Mundo, creada en 1930, reúne todos los aspectos positivos y negativos del fútbol. Para esta edición, espero un buen resultado de un país asiático o africano, porque digan lo que digan, una victoria puede tener un efecto positivo en la economía, en la moral del país. Se podría decir que la victoria de Francia en 1998 encarna el éxito de la integración y que su derrota cuatro años después representa su fracaso.

¿Qué opina de los temores sobre el gamberrismo y de las polémicas en torno a la organización oficial de la prostitución?

Marc Perelman: Un coro de vírgenes se asusta por los «burdeles» como si esto fuera a desnaturalizar el fútbol. Es cierto que nunca veríamos una prostitución legalizada para el teatro, el cine u otros eventos deportivos de masas. No hay secuestro, sino una colusión entre el fútbol y la prostitución. Este es el tercer tiempo. Después de gritar en los estadios…

Yvan Gastaut: Este es el aspecto malo de la globalización del fútbol, con la corrupción, los fenómenos de poder dentro de la Fifa… Pero no quiero moralizar. A diferencia de quienes creen que pueden purificar el deporte de toda forma de corrupción, y aunque haya que luchar decididamente contra estas prácticas, creo que donde hay competencia, también hay problemas. Los deportistas, como todas las personas, son corruptibles.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *