La fidelidad durante el proceso de divorcio

Considerada esencial para el mantenimiento del matrimonio, la fidelidad es uno de los deberes del matrimonio previstos en el código civil. Si un cónyuge es infiel, comete adulterio y su cónyuge puede entonces solicitar el divorcio por culpa.

Pero, el concepto de fidelidad está en constante evolución. Los jueces interpretan el deber de fidelidad como un deber físico y un deber moral.

En teoría, los cónyuges se deben fidelidad hasta que se conceda el divorcio. Esto significa que aunque los cónyuges estén separados de hecho o se haya dictado una orden de no conciliación, el deber de fidelidad se mantiene hasta que el juez dicte el divorcio.

¿Qué es el deber de fidelidad?

Cuando se celebra el matrimonio en el registro civil, los cónyuges se comprometen a ser fieles. Así, quien mantiene una relación física o intelectual con alguien que no es su cónyuge, incumple su deber de fidelidad y comete adulterio.

El deber de fidelidad es de orden público. Esto significa, en principio, que los cónyuges no pueden celebrar un contrato para eludir su deber de fidelidad. Sin embargo, no está sujeto a ninguna sanción penal.

Cualquier incumplimiento del deber de fidelidad puede dar lugar a una demanda de divorcio por culpa y puede dar lugar a una indemnización por el perjuicio derivado de la disolución del vínculo matrimonial.

La valoración de la infidelidad

Hoy en día, la infidelidad se banaliza con las nuevas tecnologías.

Por un lado la infidelidad puede ser física. Es física cuando uno de los cónyuges mantiene una relación sexual extramatrimonial.

Pero, por otro lado, la infidelidad puede ser intelectual o moral porque ya no es necesario tener relaciones sexuales con un tercero para engañar al cónyuge.

Así, en 1986, la justicia sancionó «el intercambio de correspondencia muy caliente entre una mujer casada y el obispo de su parroquia».

El desarrollo de las redes sociales, los sitios de citas y los teléfonos móviles dan lugar a la infidelidad virtual y, por lo tanto, debilitan el deber de fidelidad.

La evolución de la noción de fidelidad deberá ser objeto de un texto jurídico en un futuro próximo.

La sanción de la infidelidad

Anteriormente, el incumplimiento del deber de fidelidad era sancionado por el código penal como «delito». Se consideraba una ofensa a la familia de la víctima.

Pero desde la ley de 1975, el adulterio es una falta civil que permite al juez un divorcio contencioso y puede dar lugar a la concesión de daños y perjuicios.

En teoría, el deber de fidelidad debe ser respetado aunque el juez autorice, mediante el auto de no reconciliación, que los cónyuges vivan separados.

En la práctica, los jueces son más conciliadores si uno de los cónyuges no respeta su deber de fidelidad cuando ya estaban separados. De hecho, aunque lo tengan en cuenta para la concesión de la indemnización, ya no lo consideran como una falta grave.

Así, en el caso del adulterio, no pueden retener la falta si se produjo una vez que la pareja estaba separada. Por otro lado, si la relación adúltera existía antes de que el juez dictaminara la separación de los cónyuges, puede mantener la falta. En consecuencia, el divorcio se pronunciará a la culpa exclusiva del cónyuge infractor.

Si los dos cónyuges tienen cada uno una relación adúltera, el juez puede pronunciar el divorcio a la culpa compartida. Pero si la relación de uno es la mera respuesta a la relación adúltera anterior del otro, el juez puede conceder una sentencia de divorcio a la culpa exclusiva del primero de los cónyuges que tuvo una relación extramatrimonial.

Para obtener la concesión del divorcio por culpa, la demanda de divorcio debe formularse en este sentido. Corresponde entonces al cónyuge engañado probar, por cualquier medio, la relación adúltera respetando ciertas reglas.

De hecho, la prueba debe ser recogida de manera legal, sin vulnerar la intimidad del cónyuge infiel y de manera leal.

Puede ocurrir que el cónyuge no pida el divorcio tras la primera relación adúltera de su cónyuge. Pero, el adulterio perdonado no puede servir de base para plantear una demanda de divorcio por culpa.

Los jueces aprecian la reconciliación por la continuación de la vida conyugal tras una relación extramatrimonial. Por otro lado, si dos cónyuges siguen conviviendo por motivos económicos, pero no comparten el mismo lecho, no hay reconciliación.

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