La fotografía, ¿la quinta rueda del entrenador cultural?

En el nuevo organigrama del Ministerio de Cultura, la fotografía queda degradada al rango de «oficina», ahogada en la delegación de artes visuales. La decisión provoca el descontento de la profesión, que reclama más medios pero también consideración.

«Señora ministra, su decisión es una bofetada para todo el mundo de la fotografía. «Probablemente, Roselyne Bachelot no esperaba que la reorganización del Ministerio de Cultura, y en particular de su Dirección de Creación Artística, detallada en una orden del 31 de diciembre de 2020, fuera a causar tanto revuelo. Sin embargo, así es: los fotógrafos están enfadados, y la carta abierta enviada al ministro el 25 de enero es la máxima ilustración de ello.

Firmado por treinta y una organizaciones, entre ellas el Comité de Enlace y Acción por la Fotografía (Clap), la Unión de Fotógrafos Profesionales (UPP), agencias (Vu’, Modds, Myop…), festivales (Promenades Photographiques, Visa pour l’image…) y sociedades de gestión de derechos de autor (Adagp, Scam, Saif), lamenta que el nuevo organigrama del Ministerio de Cultura degrade la fotografía al rango de «oficina», ahogada en una delegación para las artes visuales que incluye también las artes plásticas, el diseño, la moda y la artesanía.

¿Anecdótico? No tanto. Durante mucho tiempo, la fotografía ha sido el pariente pobre de la política cultural desplegada en la calle Valois, hasta que Frédéric Mitterrand creó una «misión para la fotografía» en 2010. Trasladada del departamento de patrimonio al de creación artística, la misión se convirtió en 2017 en una «delegación» cuyo objetivo era dar «un fuerte impulso a la política del Estado en este ámbito». Al mismo nivel que el teatro, la danza o la música, la fotografía adquirió un peso político simbólico, que se concretó con la contratación del primer delegado en enero de 2018, puesto que había permanecido vacante durante más de un año, tras la marcha del anterior jefe de la misión fotográfica.

Un sector necesitado de recursos

Reconocida en el ámbito, Marion Hislen, que también es la fundadora de la asociación Fetart, que promueve a los fotógrafos emergentes, y del notable festival Circulation(s), se describe como una excelente conocedora del sector y de sus problemas, una «luchadora valiente que no tiene miedo de decir las cosas» y que mantiene las manos libres, al no tener una carrera que jugar. En tres años, la delegada ha puesto en marcha el programa de residencias fotográficas «Cápsula» y ha proseguido el proyecto de comisión pública sobre la juventud en Francia, ha sensibilizado al sector sobre lo que está en juego en el artículo 17 de la directiva europea sobre derechos de autor, ha defendido el derecho a exponer, que obliga a pagar a los artistas que exponen pero que sigue siendo raramente aplicado, ha participado en el parlamento de los fotógrafos (enésimo órgano de consulta) o ha apoyado la creación de Clap.

Más recientemente, el proyecto Pulp ha aliviado a los editores de libros de fotografía, cuya actividad depende de la celebración de festivales, ferias o exposiciones, todas ellas canceladas: el ministerio ha adquirido así una parte de sus existencias, que redistribuye a centros de arte, fondos de arte contemporáneo o escuelas de arte.

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Esto es suficiente para dar esperanza a un sector carente de medios tanto como de visibilidad, caracterizado por una diversidad de prácticas y estatus pero que no se beneficia de un régimen de protección como la intermitencia. Otro punto débil es la ausencia de organismos intermediarios poderosos -sindicatos u otros- que representen al sector, así como la falta de una voz fuerte y decidida a plantear demandas y ser escuchada al más alto nivel. En cuanto al Centre national des arts plastiques (Cnap), operador público encargado de aplicar la política del Ministerio en materia de artes plásticas y visuales (incluida la fotografía), tiene poco peso en comparación con los influyentes Centre national du cinéma (CNC) o Centre national du livre (CNL). ¿Por qué, entonces, transformar esta «delegación», que tanto ha costado conseguir, en una «oficina», y privar al delegado de las reuniones de gestión en las que se deciden tantos proyectos de gran envergadura?

La disminución de la fotografía, todo un símbolo

El nuevo nombre «no cambiará los miembros del equipo, ni su perímetro, ni su importancia, ni sus misiones», martilleó recientemente Roselyne Bachelot a la revista Polka, añadiendo que «la fotografía integrada en todas las acciones de la delegación de artes visuales: más apoyo, más mutualización.» Y nos recordó que este año está previsto que se inicie una misión sobre la financiación de la fotografía. ¿Por qué no acompañarlo de una reflexión global sobre la política de adquisición y distribución llevada a cabo por el ministerio, pero también sobre la estrategia que debe desplegarse para apoyar y promover a los fotógrafos franceses en su país y fuera de él?

En Francia, donde nació hace más de dos siglos, donde se considera un arte «accesible» y popular entre el gran público, la fotografía se encuentra degradada una vez más, y quienes la practican se sienten olvidados por las políticas culturales: esta degradación, aunque sólo sea simbólica, se percibe como una última afrenta, que difícilmente les tranquilizará. Porque aquí hay mucho más que una simple preocupación por el vocabulario.

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