Mi historia de destete de la lactancia materna infernal que acaba bien

Habrá sido infernal, el destete de mi pequeña Maïka. Sin embargo, fue con Maïka con quien la lactancia fue más fácil. Todo salió bien, sin ningún dolor, como lo que se ve en la televisión o en los anuncios. Con mis dos primeros, experimenté un dolor insoportable durante los dos primeros meses de lactancia. Me encantó dar el pecho a mis tres hijas, pero con mi última hija fue todo natural.

Un mes antes de volver a trabajar, Maika tenía 11 meses y la obligué a destetar poco a poco. Pero he aquí que llegó mi vuelta al trabajo y tuvo que ir a la guardería, pero siguió agarrándose al pecho por las mañanas, cuando llegaba a casa de la guardería, antes de acostarse y durante la noche. Durante un año intenté dejarlo, pero no me escuchó. Además, mi hija lo rechazaba todo; todo tipo de leche, biberones y tetinas. He leído casi todo sobre ella. ¡Juro que lo he intentado todo! Pero fue un completo fracaso. Es curioso, Maika me parece la niña más independiente de mis hijas y sin embargo fue la que más le costó el destete.

Cada vez que cedía a sus exigencias y la ponía al pecho para comprar la paz, sobre todo en mitad de la noche, tenía lágrimas en los ojos y rabia en el corazón. Quería dejar de dar el pecho, pero me sentía la peor madre del mundo si no satisfacía la necesidad de seguridad y amor de mi hijo.

Tenía dos años y todavía quería que le dieran el pecho. Una noche se despertó por casualidad para ser amamantada. Entonces le dije, simplemente, que no había más leche, pero que tenía muchos mimos para ella, si quería. Me abrazó con fuerza, me dijo «Ze t’aime, mamá» y se quedó dormida en mis brazos mientras yo la mecía. Después no volvió a pedir el pecho. Simplemente, el destete infernal estaba terminando.

Además, a lo largo de esta aventura del destete, tuve la suerte de contar con unas cuantas personas a mi alrededor que tuvieron mucha compasión por lo que mi hija y yo estábamos pasando, pero sé que esa no es la realidad de todas las mamás. Por eso quiero recordar que es mejor ser amable con las mamás que nos rodean y que tienen problemas con el destete de su bebé. Hay que evitar juzgar y, sobre todo, no banalizar la situación, porque para la madre que sigue dando el pecho cuando quiere dejarlo; es hiriente, estresante y agotador. Amamantar o no es una elección personal. Estemos presentes para las madres y escuchémoslas sin juzgarlas.

También, a todos los que actualmente están pasando por un destete difícil, quiero recordarles que no es su culpa. Estoy convencida de que estáis haciendo todo lo posible, al igual que yo también lo hice. Y como me decía mi difunta abuela cuando pasaba por momentos difíciles: «Todo pasa eventualmente; sólo hay que tener la paciencia de esperar». »

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