SIOSAIS

Mi relación con el dinero… en una palabra: complicada. Me he inspirado en Ditwan, del blog Crónicas de Di, para escribir este post. Porque mi relación con él nunca ha sido sencilla. Porque asocio muchas creencias y refranes con ella. El dinero me genera un montón de requerimientos. Pertenezco a la categoría de tacaños. Por miedo a quedarme sin nada, prefiero acumular. Pero ten por seguro que no me enorgullece. Porque el dinero para dormir es estéril. Porque ahorrar dinero no es vivir. A través de este artículo, me atrevo a compartir con vosotros mi dificultad y espero algún día saber disfrutarla.

No puedo evitar pensar que esta relación con el dinero es una herencia. Una serie de frases que escuché de pequeña. Verdades que he integrado. Siempre me lo han dicho. No hay residuos. Todo gasto debe respetar una cierta lógica. No hay forma de engañarse. El gasto debe ser útil. Y no gastes demasiado. Otro dicho bien establecido. Tengo mi propia escala de lo que es caro. Más allá de tres cifras, es más que excepcional. No existe el gasto por placer. Hay que decir que el dinero es muy difícil de ganar. No hay lugar para la inutilidad. Y el dinero no es algo que se pueda repartir. Te quedas con todo el dinero para ti. Hay que ser muy humilde. El dinero es un tema tabú y debe permanecer oculto.

Sí para mí el dinero está asociado a todo esto. Para cada tema de gasto, tengo mis límites. En términos de cantidad o de objetivos. No me siento culpable por gastarlo en unas vacaciones o en un fin de semana para nosotros. Pero ni muy lejos ni muy caro, nunca se sabe. Me gusta hacer regalos si la ocasión es propicia. Me encanta gastar dinero si me permite crear buenos recuerdos (salida, restaurante, película). Y no soy nada materialista. No le debo dinero a nadie. Pero sé cómo dar crédito. El único «gran» gasto que me permito es mi psicoterapia. Porque mi historia me lo ha demostrado, es una buena inversión y no corro mucho riesgo.

El dinero garantiza mi independencia. Con ella, me siento más libre y autónomo. No necesito a nadie más. Es mi cojín, mi almohada. En el que puedo descansar. Es una garantía para el futuro. Me hace sentir segura. Tengo tanto miedo de que un día se me acabe… Pero este cojín tranquilizador es también opresivo. En cuanto disminuye, tengo que llenarlo. Para no verlo desaparecer, me impido vivir. Me gustaría tener más generosidad. Para ver este dinero circular, compartir e invertir. No quiero estar más a su servicio. Deshazte de todas esas vocecitas que me hacen sentir sistemáticamente culpable.

Soy consciente de que el dinero sólo tiene valor si se intercambia. Pero entre decirlo y hacerlo… todo un universo y muchas barreras. El primer paso es ser consciente de ello. Sigo adelante y sigo confiando. Y no me importa tirar por la borda todas mis creencias, sigo convencida, el amor no llega a través del dinero.

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