Sordera

La deficiencia auditiva (HA) o sordera, es una elevación del umbral de audición comúnmente caracterizada y medida por la pérdida de audición, que es la atenuación de los sonidos que experimenta el hipoacúsico.
La medición de la pérdida de audición y el diagnóstico de sordera son realizados por el médico otorrinolaringólogo mediante diversas técnicas. La prueba audiométrica básica es sencilla, rápida e indolora; los resultados se muestran en un audiograma que indica los valores de pérdida auditiva en varias frecuencias. Las pruebas de inteligibilidad indican la capacidad del paciente para comprender el habla. Otras pruebas, igualmente inocuas pero más complejas, se aplican a los bebés y niños, lo que permite un diagnóstico precoz.
La sordera se clasifica según diferentes criterios, los más utilizados son el grado de pérdida auditiva y la localización de la deficiencia auditiva.
En la consideración de la pérdida auditiva se distingue:
la DA ligera cuando la pérdida es de 20 a 40 dB, los sonidos débiles ya no se oyen, la minusvalía es mínima; el puerto de un audífono puede mejorar la comodidad de la escucha
la DA media correspondiente a una pérdida comprendida entre 40 y 70 dB; en esta fase de muchos sonidos del entorno apenas se perciben. La comprensión del habla suele ser difícil, sobre todo en entornos ruidosos; la desventaja es innegable.
DA severa cuando la pérdida auditiva está entre 70 y 90 dB; la minusvalía es importante, el uso de un audífono es obligatorio para mejorar la comunicación
DA profunda para una pérdida superior a 90 dB. La discapacidad es muy importante; el habla suele sustituirse por el lenguaje de signos; los audífonos pueden tener cierta eficacia, pero a veces se sustituyen por otro dispositivo de rehabilitación, el implante coclear. En los niños la falta de educación del habla lleva a la mutilación.

La localización de la alteración distingue:
las DA conductivas cuando se afecta el oído externo o el medio; esto provoca una mala transmisión del sonido al oído interno. Estas pérdidas auditivas conductivas corresponden siempre a pérdidas auditivas leves o moderadas. La audición puede recuperarse tras una intervención quirúrgica para restaurar la función del oído externo o medio; de lo contrario, la pérdida de audición se compensa fácilmente con el uso de audífonos.
las EA neurosensoriales cuando el oído interno está dañado. Estas sorderas no son operables, sólo se les puede poner un audífono. La hipoacusia neurosensorial se caracteriza por la pérdida de audición, pero también por otras deficiencias auditivas. Este tipo de pérdida de audición afecta gravemente a la comprensión del habla en el ruido y suele provocar una hipersensibilidad a los sonidos fuertes. La pérdida de audición neurosensorial está causada por el daño que sufren las células sensoriales a causa de agentes nocivos como el ruido, ciertos fármacos y determinadas enfermedades. El envejecimiento también altera estas células, provocando la pérdida de audición relacionada con la edad, la presbiacusia, que aparece progresivamente alrededor de los 50 años. La presbiacusia se produce antes porque el oído ya ha sido alterado por agentes nocivos
Las EA mixtas son una combinación de los dos casos anteriores.
Las causas y los modos de aparición de la sordera son numerosos; la sordera puede existir al nacer, o establecerse de forma repentina, o aparecer insidiosamente de forma gradual. Se calcula que unos 5 millones de personas en Francia tienen dificultades auditivas

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