Una nueva hipótesis para explicar las rayas de las cebras

Alison Cobb, una zoóloga aficionada de 85 años, acaba de proponer una nueva hipótesis para explicar las rayas de las cebras, se lee en la web del Times. Su primer artículo científico se publica en línea este 13 de junio, en la revista revisada por pares Journal of Natural History.

Según ella y el coautor de su marido, las rayas son reguladores naturales de la temperatura: permiten al animal mantener su cuerpo a temperatura ambiente. Para llegar a esta conclusión, el matrimonio Cobb se basó en un experimento que realizaron en 2003 en Kenia. «Hay una diferencia de temperatura de 12 a 15°C entre las rayas de la cebra durante las siete horas del mediodía», escribieron los autores en su publicación.

El diario británico añade:

Según ellos, el aire caliente emana de las rayas negras mientras que las blancas permanecen más frías, creando remolinos de aire que refrescan al animal.»

Además, según el Times, se cree que los Cobb son los primeros que han observado que los pelos del pelaje negro de las cebras se levantan durante las horas más calurosas del día, mientras que los de las partes blancas permanecen chapados.

«Todavía queda mucho trabajo por hacer para entender completamente cómo las rayas ayudan a las cebras a regular su temperatura. Pero ahora tengo 85 años, así que son otros los que deben resolverlo», dijo Alison Cobb al Times. Y hay muchas posibilidades de que sea escuchada: la cuestión de las cebras ha fascinado al mundo científico durante muchísimos años, sin interrupción. Y hay muchas hipótesis sobre la utilidad de las rayas.

Rayas para protegerse de las moscas

En 2014, por ejemplo, un estudio publicado en la revista científica Science Direct sugería que la función de las rayas era desorientar y deslumbrar a los depredadores. Otra hipótesis, propuesta el pasado mes de febrero en Plos One: la existencia de rayas sería una forma de las cebras de protegerse de las moscas y los tábanos.

En abril, la revista estadounidense Smithsonian retransmitió que las rayas podrían ser también el equivalente a nuestras huellas dactilares. Cada individuo tiene un patrón único de rayas, lo que permite a los investigadores seguir el rastro de cada cebra sin necesidad de marcarla, señala la revista. Así que es probable que la comunidad científica siga devanándose los sesos para dar con nuevas hipótesis o escarbar en todas las que ya existen.

Maya Baldoureaux-Fredon

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